En pocos días comenzará algo grande, algo casi extraordinario, algo que tendrá al mundo entero cautivado… Se acerca el Mundial de Fútbol 2014. Es grande porque así lo es el fútbol, así lo es Brasil, así lo es todo lo que tiene alcance universal.
Este deporte es el más popular en el mundo entero. Lo juegan los ricos, lo juegan los pobres. Lo juegan los grandes, lo juegan los pequeños. No es simplemente correr tras una pelota… “El fútbol es disciplina, dedicación, arte, es sudor, esfuerzo y lágrimas… es defender a tu compañero caído, es tender la mano al adversario… Es sinónimo de vida, hay obstáculos y barreras que pasar, decepciones que vivir, goles que fallar. Pero queda en ti superarlo… Fútbol es humanidad, aceptación, tolerancia… Pueden ser muchos jugadores pero uno el corazón que late y una la mente que piensa… Triunfar es el fin, únicamente juntos se logrará”.
Brasil es un país muy grande. Allí todo adquiere magnitudes enormes. Grande es su selva, su río, grande el Maracaná, grandes sus iglesias. Más grande aún, cuando es sede del mundo, cuando se hace escenario de un evento internacional, cuando todos los país se dirigen hacia allí como espectadores.
¡Cuánto entusiasmo, cuánta preparación! Pensemos en cada jugador, en cada soñador, que estará haciendo aquello por lo que, con esperanza, se preparó duramente, por mucho tiempo. Pensemos en cuántos, aunque con gran esfuerzo, se quedarán afuera de la cancha.
Imaginemos, si es posible, lo que pasará por aquellas mentes y aquellos corazones que, al pisar el césped, pensarán en todos los que, con su misma camiseta, los acompañarán a la distancia, en todos aquellos que gritarán, con la misma alegría, sus goles y que llorarán, con el mismo dolor, sus derrotas… Así es el fútbol, así es la vida verdadera.
“¡Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo! Nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda, una vida feliz, y también un futuro con Él que no tendrá fin, allá en la vida eterna” (Papa Francisco, Brasil 2013).
No todos podremos jugar un partido en el Mundial, pero sí todos somos convocados para jugar el partido de nuestra vida. ¡Este es nuestro mejor partido! A todos nos llaman para atajar las tentaciones del mal, para rechazar lo que nos pueda hacer perder. Hay que ver bien por donde viene la pelota contraria.
Todos podemos tirar el balón hacia adelante, con nuestra cabeza, con nuestras manos, con nuestros pies: con la cabeza, reflexionando y rezando lo que es más importante en la vida; con las manos, pasando lo bueno que tenemos a los demás; con los pies, yendo a los lugares donde nos necesitan…
Más de una vez, será necesario parar la pelota y levantar la mirada para ver a quienes tenemos cerca, a quienes lejos. También tendremos que estar atentos para escuchar al DT. No podemos cortarnos solos.
Siempre es bueno recordar que, lo bueno que hagamos, hará sonreír a muchos, así como lo malo, entristecerá a otro tanto.
Finalmente, necesitamos la valentía de definirnos, de apuntar bien y patear con fuerza en buena dirección, según nos dice Dios. Así se hacen los goles, en el fútbol y en la vida. ¡Juguemos, efectivamente, nuestro mejor partido!