Lectio Divinas


Lectio Divina

La práctica espiritual de la lectio divina nos puede ayudar a caminar por las vías de la divina Palabra, para encontrarnos con Cristo en cada página, entablar un diálogo profundo con Él y dejarnos santificar por su amor misericordioso.
En concreto, cuando queremos que la Escritura se haga oración en nosotros, puestos en la divina presencia, invocamos al Espíritu Santo. Luego, lo primero es escuchar con fe, en nuestro caso es leer. Elegimos un texto, lo leemos y nos preguntamos: ¿Qué dice el Texto? ¿Qué personajes aparecen, qué hacen, qué dicen? ¿Qué frases nos llaman más la atención?...
Después de unos momentos, ya que no conviene tener prisa, pasamos al segundo paso que es meditar. Nos preguntamos: ¿Qué me dice el Texto? El objetivo es dejar que Dios dialogue conmigo, que me hable a mí, personalmente. ¿Qué luz me da? ¿A qué me invita? ¿Qué puedo mejorar a partir de esta lectura?
En un tercer momento, nosotros somos los que respondemos a Dios. Nos puede ayudar preguntarnos: ¿Qué le decimos nosotros a Dios? ¿Qué le agradecemos, qué le pedimos?
En cuarto lugar, nos damos cuenta de que lo más importante es Dios mismo, por lo cual tratamos de contemplar su rostro, su bondad, su luz… Fijamos nuestra atención en Él.
De este modo, su luz ilumina nuestra vida y nos empuja a cambiar. Llegó el momento de proponernos algo, una obra buena que podamos hacer por los demás, para Dios, en crecimiento nuestro: ¿Cuál será mi propósito?
De este modo, con las sencillas preguntas que hemos visto, podremos ir aprendiendo, poco a poco, el hermoso arte de dialogar con Dios. Se puede tomar el Evangelio que se lee en la misa de cada día o cualquier otro evangelio y meditarlo de este modo. Dios bendice con su gracia a los hijos que lo escuchan.