San Alberto Hurtado



Introducción:
La vida del cristiano tiene diversos aspectos incluso, a veces, nos puede resultar difícil lograr el adecuado equilibrio y la necesaria relación entre ellos, como por ejemplo la solicitud por el bien material de los demás y el apostolado. Sin embargo, la Palabra de Dios y el ejemplo de los Santos vienen en nuestra ayuda.
1.         “Te doy lo que tengo”:
Los Apóstoles, en los primeros pasos de la Iglesia naciente, comenzaron a transmitir lo que ellos mismos habían recibido del Señor. Y marcada a fuego les había quedado aquella sentencia del Maestro: “han recibido gratuitamente, den también gratuitamente” (Mt 10,8).
Aunque no tenían muchas cosas materiales, sí tenían un tesoro espiritual gigantesco para dar, que a su vez redundó en un bien físico. Pues, San Pedro, con la intención de curar al paralítico, le dijo: “Te doy lo que tengo” (Hch 3,6). Y el enfermó se sanó. También cada cristiano, de ayer y de hoy tiene, según su propia vocación, un tesoro para dar, tesoro que tiene una múltiple riqueza que es preciso advertir, pues la fe nos hace ver cuánto nos ama Dios y, así, nos motiva a amar a los demás.

2.         San Alberto, un sacerdote para todos:
San Alberto Hurtado, sacerdote chileno, es entre otros muchos, un ejemplo de esto. Durante su vida, muchas personas podrían haber oído estas palabras de su boca, pero sin duda las vieron reflejadas en sus obras:
Nacido en 1901, tuvo desde pequeño que ir a vivir con otros parientes, experimentando así la pobreza. De este modo, más tarde en su etapa de estudiante, “se interesó vivamente por los pobres, yendo a trabajar con ellos a los barrios más miserables, todos los domingos por la tarde” (www.vatican.va): “Te doy lo que tengo”.
En 1923 entró con los jesuitas y en 1933 fue ordenado sacerdote en Lovaina. Al volver a su país, su celo apostólico se extendió, poco a poco, a todos los campos: educación, orden social, ejercicios espirituales, dirección espiritual, Acción Católica, etc.: “Te doy lo que tengo”.
En 1944, en medio de un retiro, puso los cimientos para su obra más famosa: “el Hogar de Cristo”. “Se trata de aquella forma de actividad caritativa que ayuda a gente sin techo, dándole no sólo un lugar para vivir, sino un verdadero hogar” (www.vatican.va): “Te doy lo que tengo”.
Resumiendo sus últimos años, podemos decir: “fue un tiempo de intenso apostolado, expresión profunda de su amor personal por Cristo y, precisamente por eso, caracterizado por una gran dedicación a los niños pobres y abandonados, por un celo ardiente por la formación de los laicos, y por un vivo sentido de justicia social cristiana” (www.vatican.va).

3.         Unión de apostolado y obra social
En este punto, conviene detenerse a considerar: una profunda vida de fe y amor a Cristo, no disminuye la solicitud por el bien material del prójimo. Muy por el contrario, lo pone en su centro y lo eleva por una solicitud mayor y más importante.
A este respecto, nos decía el siervo de Dios, Papa Pablo VI: “Entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación) existen efectivamente lazos muy fuertes. Vínculos de orden antropológico, porque el hombre, que hay que evangelizar, no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a la que hay que combatir y de justicia que hay que restaurar. Vínculos de orden, eminentemente evangélico, como es el de la caridad: en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre?” (EN 31).

Conclusión:
De este modo, el ejemplo de los Santos y la enseñanza de la Iglesia nos invitan a crecer en la fe. Una fe que, aceptando el amor que viene de Dios, trata por uno y otro lado de transmitirlo a los demás. Así, sabiendo que hemos recibido y, por lo tanto, llevamos en nuestro corazón el amor de Dios, podemos darlo a los demás, de tal modo que nuestra vida se resuma en dos cosas: mirando a Dios: “Todo es gracia”, y mirando a los demás: “Te doy lo que tengo”.