Mi Tesoro escondido
Introducción:
Toda la realidad de nuestra fe, posee una doble
característica: por un lado es grandiosa, maravillosa, cautivante… por otro, es
silenciosa, escondida, difícil de encontrar. Por esto, muchos pasan de largo
sin darle demasiada importancia, mientras que otros son capaces de darlo todo
por ella.
- El Gran Tesoro:
Lo que Dios nos enseña es un tesoro inestimable. El
salmista, al darse cuenta lo compara con grandes riquezas: “Más estimo yo los
preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata” (Salmo 118/119,72).
Sin embargo sigue siendo “un tesoro escondido”, por lo cual no todos podrán
exclamar lo mismo. Lo mismo podemos decir de todo lo que Dios nos da, nos
aconseja, nos manda, nos promete…
Sobre todo, el gran Tesoro es Jesucristo, nuestro Señor. Él
es el “Reino de los Cielos”. De hecho, somos cristianos, principalmente porque
nos hemos encontrado con Él (Cf. BENEDICTO XVI, DCE n° 1).
- La centralidad de Cristo:
El pasaje de Marta y María, una sirviendo, la otra
escuchando… pero en el centro, Jesús, es una realidad continua. El centro de
toda la historia de la humanidad y de nuestra historia personal, es Jesús Nuestro Señor.
Él está en el centro de toda la vida de la Iglesia: en la
liturgia Él es el Sacerdote principal, la Víctima ofrecida y, como Dios, junto
con el Padre y el Espíritu Santo, es a quien adoramos. Es necesario no olvidar
nunca que la misa es para Dios, es nuestra mejor ofrenda a Él. La vida moral
consiste en practicar el bien y evitar el mal a imitación de Cristo. La oración
es un diálogo con Dios, un diálogo de hijos en el Hijo. Dentro de los misterios
de nuestra fe, nadie conoce al Padre sino por el Hijo (Cf. Mt 11,27).
““En el centro de la catequesis encontramos
esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret, Unigénito del Padre, que ha
sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para siempre con
nosotros… Catequizar es… descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno
de Dios… Se trata de procurar comprender el significado de los gestos y de las
palabras de Cristo, los signos realizados por El mismo” (CT 5). El fin de la
catequesis: “conducir a la comunión con Jesucristo: sólo Él puede conducirnos
al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la
Santísima Trinidad”. (ibíd.). “En la catequesis lo que se enseña es a Cristo,
el Verbo encarnado e Hijo de Dios y todo lo demás en referencia a Él; el único
que enseña es Cristo, y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz
suyo, permitiendo que Cristo enseñe por su boca” (CATIC 426-427).
“De este conocimiento amoroso de Cristo es de
donde brota el deseo de anunciarlo, de “evangelizar”, y de llevar a otros al
“sí” de la fe en Jesucristo. Y al mismo tiempo se hace sentir la necesidad de conocer
siempre mejor esta fe” (CATIC 429). Por esto, también el Señor es el
centro de la misión.
- Vender todo para tener el Todo:
Esta centralidad, esta importancia y riqueza que tiene para
nuestras vidas suscita una respuesta. Si nos damos cuenta de que es el gran
tesoro, valdrá la pena vender lo necesario para conseguirlo. ¿Qué tenemos que
vender nosotros? ¿Cuáles son las realidades en nuestra vida que nos ponen a
distancia, que no nos permiten comprar ese campo donde está Jesús? ¿La
ambición, la envidia, el rencor, el poder, la vanagloria, los placeres
desordenados, la mentira, la pereza, la inconstancia?
Es necesario que el Señor nos mueva profundamente para que
por Él, que todo lo entregó por nosotros, podamos vender lo necesario.
Conclusión:
Le pedimos, humildemente, a nuestra Madre nos conceda las
gracias necesarias para quedarnos ahora y siempre con ese Tesoro que vale más
que el campo que podemos comprar y que es capaz de hacer feliz nuestra vida.