Misión en Quitilipi




Gracias Señor, por este regalo que me has dado, de poder misionar propagando tu Reino Eucarístico. Te quiero agradecer todos los regalos que en esta misión nos has concedido, a mí y tantos otros.
Como un gesto de gratitud, quisiera recordar en tu presencia, aquellos momentos, situaciones, gracias… que me has regalado en esos días, del 20 de marzo al 4 abril del 2014.

Una comunidad que me acompaña:
En primer lugar, Te agradezco por mi parroquia y mi familia, que han rezado por mí y me han acompañado, a las que he extrañado, sinceramente. En la lejanía, uno siente de un modo distinto el cariño que tiene por las almas que el Señor pone a su cuidado sacerdotal. En aquellos momentos, no se me ocurría otra cosa que rezar por ellos, por cada uno y por toda la comunidad parroquial. Así los tuve presente en el santuario de Nuestra Señora de San Nicolás, el día 20, recién comenzado el periplo. El sagrario de Quitilipi también es testigo de esto.

Mi hermano misionero:
Te agradezco Jesús, al misionero que pusiste a mi lado para que me enseñara esta hermosa forma de evangelizar, centrada en la Eucaristía. Con él compartimos muchas cosas, mucho tiempo, muchas decisiones, algunas dificultades… Gracias por su fe eucarística, por sus palabras, por su paciencia en enseñarme a misionar.
Me encontré con él en la terminal de Mercedes, de allí fuimos a San Nicolás. Desde entonces, codo a codo, hasta que la tierra pampeana nos volvió a recibir, el día 4 de abril.

Tu auxilio en las dificultades:
También agradezco los contratiempos, que nos hacen crecer, que desafían nuestra confianza en tu providencia, que nos estimulan a rezar de un modo especial. En primer lugar, nos atajó el barro.
Después de una localidad llamada Vera, en Santa Fe, tomamos una ruta que, comenzando en asfalto, cambió en tierra, mejor dicho, en arcilla. Con las lluvias, que días anteriores mojaron el suelo chaqueño, ese camino no fue para nada fácil de transitar. Menos aún, cuando llegamos a un “lago de barro”, que nos detuvo… nos encajamos. Mientras rezábamos Vísperas, la oración de la tarde, tuve que cerrar el breviario, arremangarme los pantalones y empujar. Pero no fue suficiente. Además, pronto, se hizo de noche.
Después de varias horas, nos vino a buscar el intendente del pueblo más cercano… Llegamos a nuestro destino, cerca de las 2 de la mañana. Fue mi “bautismo misionero”.

La hospitalidad:
En los distintos lugares donde nos alojábamos, nos recibieron del mejor modo. Agradezco a las familias que nos hospedaron y a los sacerdotes que nos acompañaron rezando junto a sus ovejas. Pero sobre todo, Te agradezco por los muchos corazones abiertos a recibirte, a aceptar tu reino, tu presencia, tu amor eucarístico.
Con muchos de ellos, aunque hemos compartido poco tiempo, se ha engendrado una linda amistad y desde entonces, forman parte en la lista de nuestras oraciones, como seguramente, nosotros, formamos parte de la de ellos.
Recuerdo especialmente el ejemplo de fe de algunas de las personas que hemos encontrado, el deseo de tener siempre abierta esa puerta de la capilla en la cual nos esperas, porque es un tesoro incalculable, el agradecimiento a ese lugar de refugio para los momentos difíciles. También agradezco los testimonios de vida de los que nos alojaron, que traslucen su fe, aunque no se den cuenta.

Un fraterno encuentro con los curas:
Un día especial fue el lunes 24. En Quitilipi hubo un encuentro sacerdotal con curas de ahí, de Machagai y Corrientes. Ellos trabajaron juntos a la mañana. A la tarde nos invitaron a nosotros: fútbol, misa y, a la noche, asado, guitarreada y juego de cartas. Fue un momento muy fraterno con gente, que conocíamos ese mismo día.

La religiosidad de los chaqueños:
También agradezco, de un modo muy especial, la religiosidad de la gente del Chaco. En la misión se anotaron más de 500 personas. Muchos participaron en la misa y en la adoración. No sólo en la sede parroquial sino también en las capillas. Durante la semana, mientras iban pasando los días, cada vez más concurridas eran las horas santas y, aunque algunas se prolongaron más de dos horas, muchos se quedaban hasta el final.
Después de los 8 días en Quitilipi, pasamos 3 en Machagai, que distan aproximadamente unos 20 km. Allí estuvimos del domingo 30 de marzo al miércoles 2 de abril por la mañana. En la misa del domingo a la tarde vi muchos jóvenes.
Justo en esos días, sucedió algo muy terrible. Una familia muy conocida fue asesinada. ¡Cuánto más necesitamos del Señor, cada capilla es un refugio en los momentos de dolor!
Después de rezar, tener una reunión con el equipo de la capilla de Machagai, que ya lleva 3 años, después de compartir con la familia que nos alojó, el miércoles por la mañana rezamos la misa y comenzamos nuestra vuelta, muy contentos.

La apertura de Formosa:
No quiero olvidarme de agradecer dos días especiales, en los cuales nos ausentamos de Quitilipi pensando en otras capillas. El miércoles 26 fuimos a Formosa y el viernes 28, a Presidencia Roque Sáenz Peña.
En Formosa, nos encontramos con el Obispo, Monseñor José Conejero. No puedo olvidar su rostro “extasiado”, al escuchar hablar a mi compañero misionero sobre la adoración eucarística. Invitó a un sacerdote, que estaba en el obispado, quien también quedó muy entusiasmado con la idea de la misión eucarística.
Luego, nos llevó a conocer las dos capillas perpetuas que hay en la ciudad. Una, en el mismo obispado y otra, en la parroquia San Francisco de Asís. También fuimos a conocer a siete muchachos que están preparándose para el seminario mayor. Al medio día, almorzamos con el obispo quien, después, nos mostró otras iglesias, que tienen adoración durante el día y fuimos a saludar a dos religiosas de Santa Ana, que conocimos en nuestra Pampa.
Formosa, linda ciudad, haciendo honor a su nombre. Sus flores, sus árboles, sus edificios, su catedral… Algo que me encantó es ver la fe de los hombres. Al entrar por primera vez en la capilla del obispado, había 3 personas rezando, todos eran hombres. Cuando fuimos a la parroquia San Francisco, había otro más. Al despedirnos… nuevamente en la capilla del obispado, más varones adorando. Además recuerdo, que al llegar a ese lugar, pude conversar con un laico encargado de la pastoral de prensa, muy comprometido con su apostolado.
Ver a esos hombres, como así mujeres, rezando aquel miércoles por la mañana, no me deja indiferente. Siempre es bueno y necesario, pensar en las cosas más importantes de la vida. A veces, ocupamos todo nuestro tiempo o la mayoría de él, haciendo cosas que, en buena parte, el mundo actual exige. Sin embargo, al ver a personas que, con todas sus ocupaciones como los demás, comparten su tiempo con Dios, uno queda reconfortado. La oración, ayer y siempre, tiene una importancia gigante. Más aún, cuando rezamos, frente a Jesús, cerca de Él, en la Eucaristía. El mundo entero se beneficia de ese encuentro silencioso, aparentemente inútil, entre un simple hombre y Dios. ¡Gracias Señor!

Media mañana en Sáenz Peña:
Otra mañana especial fue cuando visitamos Presidencia Roque Sáenz Peña. Fuimos a la catedral y conversamos con el Párroco quien, con el Santísimo sobre el altar y rosario en mano, pasó toda la mañana, sentado para oír confesiones. Esta visita fue más breve, pero con las mismas esperanzas que en Formosa. Ese sacerdote, con esa simple disponibilidad sacerdotal, dejó un dulce sabor en mi alma.

Pergamino: Última parada:
Al volver, pasamos día y medio en Pergamino, compartimos una hora santa y la misa. El viaje, muchas veces, es ocasión de conversar con el compañero, muchas otras, con Dios. Por eso, las horas de ruta no son perdidas. Te agradezco Señor, esta experiencia, esta misión especial… A la vuelta, con el volante en mano, meditaba sobre la importancia de lo que acabábamos de hacer. Claro que, no descubrimos en su totalidad, la inmensa riqueza, que esconde tener por todas partes, estas puertas abiertas que nos llevan a Jesús Eucaristía. Sin embargo, al menos, nos damos cuenta de que, por mucho, vale la pena seguir adelante.
En este sentido, creo que lo que más debo agradecer es el deseo que hay en mi corazón por seguir misionando. Aquí el deseo se convierte en oración. Te pido Señor que seamos muchos los que queramos contagiar tu amor, del modo que podamos, ya que si se quiere, todo es misión: rezar, ofrecer, testimoniar, buscar, acoger, alentar…