Santa Rosa, 25 de abril
de 2014
Querido Teófilo:
Estaba
pensando en que falta poco tiempo para Pentecostés.
Que linda solemnidad. Pensar que los Apóstoles vieron las lenguas de fuego,
sintieron el viento impetuoso, pero, sobre todo, quedaron llenos del Espíritu Santo.
¡Qué gran misterio! Porque les cambió la vida. De débiles pasaron
a ser fuertes, de cobardes se hicieron valientes, de ignorantes su inteligencia
se abrió a los misterios del Cielo. Y pensar que algo parecido puede suceder
cuando un cristiano se confirma…
A propósito de eso, ¿vos recibiste la confirmación? Porque
si no, sería muy importante que pudieras hacerlo. La confirmación es el
sacramento que nos hace crecer,
espiritualmente hablando. Está bien hacer las cosas de niños cuando uno es
un niño, pero crecer es un gran desafío
del que nadie debe privarse, ni en la vida natural, ni menos aún, en la vida
cristiana. Para ayudarnos en esto, Dios nos ha regalado la Confirmación.
Este crecimiento de la gracia
bautismal, nos hace más profundamente hijos de Dios, más semejantes a Jesús, perfecciona
nuestro vínculo con la Iglesia, nos fortalece.
Un bautizado, va a misa, reza e
intenta portarse bien. Pero esto no es suficiente. El que no se conforma con el
mínimo, el que busca la santidad, el que quiere agradar a Dios en todo… quiere más. El que va creciendo no
puede guardarse egoístamente su fe, desea compartirla, testimoniarla, quiere
contagiar a otros. Por esto, con la confirmación, la Iglesia nos dice que
quiere que evangelicemos, como si nos diera el encargo y la misión de hacerlo.
Confía en nuestras manos la tarea de hacer que nuestro alrededor sea un poco
más cristiano, de iluminar con la luz de la fe, alentar con la fuerza de la
esperanza y transformar con el fuego de la caridad.
Además, como esto no es fácil y
en la vida tenemos muchas dificultades e, incluso, adversarios, este importante
sacramento, aumenta nuestra fortaleza.
No hay que tener miedo, al contrario, con mayor razón hay que recibirlo para
que Dios nos ayude. Aunque nos cueste ser buenos y fieles seguidores de Jesús,
al confirmarnos recibimos un poder que
viene de lo Alto.
Incluso, este nuevo regalo de la
gracia hará que, si estás bien preparado, crezcas en santidad. Con lo cual, el
confirmado se esfuerza por corresponder a este don, con una vida espiritual más seria, adulta, responsable, entregada. Es
de gran importancia tener en cuenta que, para crecer espiritualmente, la oración ocupa el primer lugar, lo que
incluye la misa, la lectura orante de la Palabra de Dios, el examen de
conciencia, entre otros. También, es bueno confesarse seguido y dejarse ayudar
por un sacerdote que nos guíe en el camino espiritual. Hay otros medios más que
ayudan a que esa llama que el Espíritu Santo enciende no se apague, sino que
por el contrario, crezca.
Todo esto, mi querido amigo, se
refleja en el rito del sacramento. Al acercarse al obispo, el que va a ser
confirmado recibe la señal de la cruz
con aceite perfumado en la frente. El aceite significa la marca y la gracia
que deja en el alma este sacramento. El perfume insinúa la misión de transmitir
a los demás las bendiciones que recibimos de Dios, como una flor transmite su
perfume. La cruz es el signo del amor de Dios por nosotros y de nosotros por
Él. La frente, parte bien visible, indica que el confirmado tendrá que dar la
cara por Cristo, sin temor ni vergüenza.
Bueno, te dejo, porque ya te he
robado parte de tu tiempo. Ojala podamos celebrar la venida del Espíritu Santo
en Pentecostés, porque todos lo necesitamos mucho.
Dios te bendiga.
P. Leandro.