Jornaleros del Reino en el mundo
Introducción:
Todos los bautizados somos hijos de Dios, hermanos de
Cristo, templos del Espíritu Santo. Pero también, todos los bautizados somos “jornaleros”, todos, cada uno según su
vocación, somos servidores del Reino. A cada uno de nosotros el Señor nos llama
a colaborar en su obra de amor y salvación.
- Llama a todos:
Con el bautismo y la confirmación, todos los cristianos
estamos llamados a colaborar en el Reino de Dios, a trabajar en le viña de
Nuestro Señor Jesucristo. Todos tenemos en la Iglesia, no sólo un lugar
importante, sino también una misión que realizar.
En la medida en que la hacemos por Dios y en nombre de la
Iglesia, nuestra Madre, nos hacemos sus ojos, manos o pies, para que ella actúe
en el mundo. En este sentido, no sólo los sacerdotes y consagrados colaboran
con la obra del Señor, sino también los laicos, tienen un cometido específico.
- La misión de los laicos:
En este sentido, bien nos podemos preguntar cuál es la obra
que Dios quiere “delegar” en los cristianos laicos. Así, nos lo enseña el
Catecismo: “Los fieles laicos tienen como vocación propia la de buscar el Reino de Dios, iluminando y
ordenando las realidades temporales según Dios. Responden así a la llamada
a la santidad y al apostolado, que se dirige a todos los bautizados” (CATIC
Compendio 188).
Dicho de forma sencilla, Dios quiere llegar con su sabiduría
salvadora y su amor que todo lo transforma a todos los rincones de la sociedad.
Quiere llegar a las escuelas, a los hospitales, a los estudios jurídicos,
universidades, al ámbito de la política, el arte, el deporte… Para ello cuenta
con los católicos que allí desarrollan sus vidas. ¡Ésta es la misión del laico!
Como la levadura que, en medio de la masa, la transforma y hace elevar.
Para esto, el fiel laico, necesita una profunda vida de fe,
en la cual, oración y acción se conjuguen armoniosamente para que, lo que
recibe de Dios mediante sus momentos de oración, lo transmita a los demás con
su acción y testimonio.
- El triple munus:
En esta misión, el laico tiene una especial participación en
el triple oficio (munus) de Cristo Salvador. A su modo, cada cristiano,
colabora con la obra de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey.
“Los laicos participan en la misión sacerdotal de Cristo
cuando ofrecen como sacrificio espiritual
«agradable a Dios por mediación de Jesucristo» (1 P 2, 5), sobre todo en
la Eucaristía, la propia vida con
todas las obras, oraciones e iniciativas apostólicas, la vida familiar y el
trabajo diario, las molestias de la vida sobrellevadas con paciencia, así como
los descansos físicos y consuelos espirituales. De esta manera, también los
laicos, dedicados a Cristo y consagrados por el Espíritu Santo, ofrecen a Dios
el mundo mismo” (CATIC Compendio 189).
“Los laicos participan en la misión profética de Cristo
cuando acogen cada vez mejor en la fe la
Palabra de Cristo, y la anuncian al mundo con el testimonio de la vida y de la
palabra, mediante la evangelización y la catequesis. Este apostolado «adquiere
una eficacia particular porque se realiza en las condiciones generales de
nuestro mundo» (Lumen
Gentium 35)” (CATIC Compendio 190).
“Los laicos participan en la misión regia de Cristo porque reciben de Él el poder de vencer el pecado
en sí mismos y en el mundo, por medio de la abnegación y la santidad de la
propia vida. Los laicos ejercen diversos
ministerios al servicio de la comunidad, e impregnan de valores morales las
actividades temporales del hombre y las instituciones de la sociedad”
(CATIC Compendio 191).
Conclusión:
Pidamos a la Virgen Inmaculada, colaboradora de la Palabra
encarnada, nos dé a cada uno de nosotros, la fortaleza y el entusiasmo para
trabajar en la viña de nuestro amado Padre Dios, según la misión propia que el
Señor ha pensado para nosotros.