Domingo XI del Tiempo Ordinario Ciclo B



Una Palabra sobre el aborto


Introducción:
Con las parábolas, Nuestro Divino Salvador, nos enseñó muchas verdades que nos sirven para conocer el camino de la Vida Eterna y vencer las confusiones que, a lo largo de la historia, van apareciendo…

  • La semilla:
Jesús habla de una semilla, sembrada, que crece sola y da su fruto… En otra ocasión, Él mismo explicó que esa semilla es la Palabra de Dios (Cf. Mt 13,19). De hecho, es la Palabra de Dios la que, cuando la aceptamos en la fe, convierte nuestra vida y la transforma a semejanza del mismo Cristo.
Dios, en su Palabra nos enseña sobre todos los temas necesarios para la salvación. En esta ocasión, queremos ser iluminados sobre lo que Dios enseña sobre el respeto de la vida de cada ser humano.

  • La vida:
“La vida humana es sagrada e inviolable en cada momento de su existencia, también en el inicial que precede al nacimiento. El hombre, desde el seno materno, pertenece a Dios que lo escruta y conoce todo, que lo forma y lo plasma con sus manos, que lo ve mientras es todavía un pequeño embrión informe y que en él entrevé el adulto de mañana, cuyos días están contados y cuya vocación está ya escrita en el « libro de la vida » (cf. Sal 139 138, 1. 13-16). Incluso cuando está todavía en el seno materno, —como testimonian numerosos textos bíblicos 60— el hombre es término personalísimo de la amorosa y paterna providencia divina” (San Juan Pablo II, Evangelium Vitae n° 61).
El Papa, como vemos, se apoya en diversos textos bíblicos que conviene recordar y meditar:
    • La palabra del Señor llegó a mí en estos términos: «Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones»” (Jer 1,4-5).
    • En Ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; desde el seno materno fuiste mi protector, y mi alabanza está siempre ante Ti” (Salmo 71/70,6).
    • “En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno” (Lc 1,39-45).

  • “No matarás”:
Siguiendo la Palabra de Dios, que nos enseña el valor sagrado e intocable de la vida humana, la Iglesia nos explica el contenido del quinto mandamiento.
“El quinto mandamiento prohíbe, como gravemente contrarios a la ley moral:
1)      El homicidio directo y voluntario y la cooperación al mismo.
2)      El aborto directo, querido como fin o como medio, así como la cooperación al mismo, bajo pena de excomunión, porque el ser humano, desde el instante de su concepción, ha de ser respetado y protegido de modo absoluto en su integridad.
3)      La eutanasia directa, que consiste en poner término, con una acción o una omisión de lo necesario, a la vida de las personas discapacitadas, gravemente enfermas o próximas a la muerte.
4)      El suicidio y la cooperación voluntaria al mismo, en cuanto es una ofensa grave al justo amor de Dios, de sí mismo y del prójimo; por lo que se refiere a la responsabilidad, ésta puede quedar agravada en razón del escándalo o atenuada por particulares trastornos psíquicos o graves temores.” (CATIC Compendio 470).

Conclusión:
Le pedimos a la Virgen la gracia de que nuestra fe ocupe su lugar en nuestra vida y así podamos vivir según aquellas palabras del primer Papa: “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.” (Hch 5,29).