Pecado original
Introducción:
Uno de los grandes interrogantes que no podemos alcanzar a
comprender es la presencia atroz que tiene el mal en el mundo. Sin embargo,
sabemos que las obras malas que nos conmueven salen del corazón humano. Esto se
debe a que está herido por el pecado original a instigación del Demonio,
nuestro enemigo.
- El Pecado:
“En la historia del hombre está presente el pecado. Esta
realidad se esclarece plenamente sólo a la luz de la divina Revelación y, sobre
todo, a la luz de Cristo, el Salvador de todos, que ha hecho que la gracia
sobreabunde allí donde había abundado el pecado” (CATIC Compendio 73).
- El pecado original:
El origen de este mal está en nuestra humana libertad que se
apartó de Dios: “El hombre, tentado por el diablo, dejó apagarse en su corazón
la confianza hacia su Creador y, desobedeciéndole, quiso «ser como Dios» (Gn
3, 5), sin Dios, y no según Dios. Así Adán y Eva perdieron inmediatamente, para
sí y para todos sus descendientes, la gracia de la santidad y de la justicia
originales” (CATIC Compnedio 75).
“El pecado original, en el que todos los hombres nacen, es
el estado de privación de la santidad y de la justicia originales. Es un pecado
«contraído» no «cometido» por nosotros; es una condición de nacimiento y no un
acto personal. A causa de la unidad de origen de todos los hombres, el pecado
original se transmite a los descendientes de Adán con la misma naturaleza
humana, «no por imitación sino por propagación». Esta transmisión es un
misterio que no podemos comprender plenamente” (CATIC Compendio 76).
“Como consecuencia del pecado original, la naturaleza
humana, aun sin estar totalmente corrompida, se halla herida en sus propias
fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al poder de la
muerte, e inclinada al pecado. Esta inclinación al mal se llama concupiscencia”
(CATIC Compendio 77).
- La respuesta de Dios:
“Después del primer pecado, el mundo ha sido inundado de pecados,
pero Dios no ha abandonado al hombre al poder de la muerte, antes al contrario,
le predijo de modo misterioso –en el «Protoevangelio» (Gn 3, 15)– que el
mal sería vencido y el hombre levantado de la caída. Se trata del primer
anuncio del Mesías Redentor. Por ello, la caída será incluso llamada feliz
culpa, porque «ha merecido tal y tan grande Redentor» (Liturgia de la
Vigilia pascual)” (CATIC Compendio 78).
Dios viene a salvarnos en su Hijo. Por esto, Él tiene el
poder de expulsar a los demonios, de perdonar los pecados y, por esto mismo,
nos ha dejado los canales de la gracia para que todas las generaciones pudieran
luchar contra el mal.
En este contexto, se ve la gran importancia que tiene el
bautismo, que nos limpia de la mancha original y nos abre la puerta a lo demás
sacramentos. También la confesión es muy importante ya que es el arma poderosa
para, no sólo borrar los pecados cometidos, sino también para poder luchar y
vencer las tentaciones futuras. Incluso, la Comunión frecuentemente recibida, hace
que el pecado que nos parece imposible vencer pueda ser apartado de nuestra
vida.
Conclusión:
Le pedimos a la Virgen, nuestra Madre Inmaculada, que nos
ayude para que, con valentía podamos poner los medios que tenemos para vencer
el mal en nuestro corazón. Esta es la única manera eficaz para contribuir al
bien en el mundo.