Homilía Domingo X del Tiempo Ordinario Ciclo B



Pecado original


Introducción:
Uno de los grandes interrogantes que no podemos alcanzar a comprender es la presencia atroz que tiene el mal en el mundo. Sin embargo, sabemos que las obras malas que nos conmueven salen del corazón humano. Esto se debe a que está herido por el pecado original a instigación del Demonio, nuestro enemigo.

  1. El Pecado:
“En la historia del hombre está presente el pecado. Esta realidad se esclarece plenamente sólo a la luz de la divina Revelación y, sobre todo, a la luz de Cristo, el Salvador de todos, que ha hecho que la gracia sobreabunde allí donde había abundado el pecado” (CATIC Compendio 73).

  1. El pecado original:
El origen de este mal está en nuestra humana libertad que se apartó de Dios: “El hombre, tentado por el diablo, dejó apagarse en su corazón la confianza hacia su Creador y, desobedeciéndole, quiso «ser como Dios» (Gn 3, 5), sin Dios, y no según Dios. Así Adán y Eva perdieron inmediatamente, para sí y para todos sus descendientes, la gracia de la santidad y de la justicia originales” (CATIC Compnedio 75).
“El pecado original, en el que todos los hombres nacen, es el estado de privación de la santidad y de la justicia originales. Es un pecado «contraído» no «cometido» por nosotros; es una condición de nacimiento y no un acto personal. A causa de la unidad de origen de todos los hombres, el pecado original se transmite a los descendientes de Adán con la misma naturaleza humana, «no por imitación sino por propagación». Esta transmisión es un misterio que no podemos comprender plenamente” (CATIC Compendio 76).
“Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana, aun sin estar totalmente corrompida, se halla herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al poder de la muerte, e inclinada al pecado. Esta inclinación al mal se llama concupiscencia” (CATIC Compendio 77).

  1. La respuesta de Dios:
“Después del primer pecado, el mundo ha sido inundado de pecados, pero Dios no ha abandonado al hombre al poder de la muerte, antes al contrario, le predijo de modo misterioso –en el «Protoevangelio» (Gn 3, 15)– que el mal sería vencido y el hombre levantado de la caída. Se trata del primer anuncio del Mesías Redentor. Por ello, la caída será incluso llamada feliz culpa, porque «ha merecido tal y tan grande Redentor» (Liturgia de la Vigilia pascual)” (CATIC Compendio 78).
Dios viene a salvarnos en su Hijo. Por esto, Él tiene el poder de expulsar a los demonios, de perdonar los pecados y, por esto mismo, nos ha dejado los canales de la gracia para que todas las generaciones pudieran luchar contra el mal.
En este contexto, se ve la gran importancia que tiene el bautismo, que nos limpia de la mancha original y nos abre la puerta a lo demás sacramentos. También la confesión es muy importante ya que es el arma poderosa para, no sólo borrar los pecados cometidos, sino también para poder luchar y vencer las tentaciones futuras. Incluso, la Comunión frecuentemente recibida, hace que el pecado que nos parece imposible vencer pueda ser apartado de nuestra vida.

Conclusión:
Le pedimos a la Virgen, nuestra Madre Inmaculada, que nos ayude para que, con valentía podamos poner los medios que tenemos para vencer el mal en nuestro corazón. Esta es la única manera eficaz para contribuir al bien en el mundo.