Médico y Salvador
Introducción:
Cuando
el profeta Isaías describe la misión del Mesías, de Jesús, entre las distintas
facetas no olvida mencionar una referida a los enfermos: “El me envió a llevar
la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la
vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos” (Is 4,18). Y más adelante:
“Entonces se abrirán los ojos de
los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; entonces el tullido saltará
como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo” (Is 35,5-6).
- Nuestras enfermedades:
Dios conoce que “la enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la
vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites
y su finitud” (CATIC 1500).
Por lo cual, a lo
largo de la Escritura muestra su bondadosa misericordia, ya que: “hace justicia
a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos,
abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor
protege a los extranjeros y sustenta al huérfano y a la viuda; el Señor ama a
los justos y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente”
(sal 145/146,7-10).
Más aún, su bondad
sobrepasa el mal físico y subsana el mal espiritual: “¿Acaso Dios no ha
elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos
en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman?” (Sant 2,5).
Por esto, “la enfermedad se convierte en camino de conversión (cf Sal 38,5;
39,9.12)” (CATIC 1502). “La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones
de dolientes de toda clase (cf Mt 4,24) son un signo maravilloso de que “Dios
ha visitado a su pueblo” (Lc 7,16) y de que el Reino de Dios está muy cerca. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar los pecados (cf Mc
2,5-12): vino a curar al hombre entero,
alma y cuerpo” (CATIC 1503). Así “sus curaciones eran signos de la venida del
Reino de Dios. Anunciaban una curación más radical: la victoria sobre el pecado
y la muerte por su Pascua” (CATIC 1505).
- Cristo, Médico del cuerpo y del alma:
Como signo de esto, San Marcos entre otras muchas curaciones
nos narra la de un sordomudo: “Jesús
lo separó de la multitud y, llevándolo
aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al
cielo, suspiró y dijo: «Efatá», que
significa: «Abrete»” (Mc
7,33-34).
- Signo de salvación:
Un modo con el que Jesús sigue acercándose a nuestras
enfermedades, un signo de esta salvación que Cristo vino a traernos, de este
poder que Jesús dejó entre los hombres, es el Sacramento de la Unción de los Enfermos. De hecho, para las enfermedades graves, en los
momentos difíciles, Dios ha querido hacerse especialmente presente en la vida
de sus hijos mediante este importante Sacramento. Y así, mediante la Unción,
“Cristo continúa “tocándonos” para
sanarnos” (CATIC 1504) en el cuerpo,
pero sobre todo en el alma.
Por esto es necesario que los cristianos revaloremos este
sacramento, que lo pidamos con tiempo, que nos preparemos y preparemos a los
demás a dejarnos ayudar por Jesús.
Conclusión:
Nos encomendamos a la Virgen, para que nos haga crecer en la
fe, de tal modo que, incluso aquello que tanto nos cuesta llevar como es el
sufrimiento y el dolor, pueda ayudarnos a seguir a Jesús de cerca.