Homilía del Corpus Christi Ciclo C


Breve misa explicada


Introducción:
Al venir a misa, son diversas las cosas que debemos tener en cuenta para lograr comprender, al menos en parte, su gran importancia, su gran misterio.
  1. Las dos mesas:
En la multiplicación de los panes, Jesús alimenta a su pueblo. Pero es bueno darnos cuenta que lo alimenta de dos modos, lo alimenta con dos “panes”. Ya que, como dice San Lucas, “Jesús habló a la multitud acerca del Reino de Dios...”, luego, “al caer la tarde” realiza el milagro de multiplicar de los panes (Cf. Lc 9,11b-17), figurando la Eucaristía.
También en la misa, Jesús, nos sigue alimentando con estos dos panes: su Palabra y su Cuerpo. Por lo cual, hay dos mesas: el ambón y el altar. Pero con ambos alimentos, es el único Señor el que nos sale al encuentro, no sólo en aquel momento de la celebración, sino para la vida entera. A esto, corresponden en la misa, sus dos partes más importantes: la liturgia de la Palabra y la de la Eucaristía.
De aquí que el cristiano deba esforzarse, en la medida en que puede, por participar de ambos panes, para encontrarse doblemente, con su único Señor.
  1. Gestos importantes:
Además de esto, en cada Misa tenemos diversos gestos que, aunque no sean centrales,  no pierden su importancia:
  • Saludo y pedido de perdón: Comenzamos la misa, luego de la procesión de entrada que simboliza nuestra vida hacia Dios, con el saludo y señal de la cruz que nos recuerdan que estamos en la presencia del Señor. Ante Él nos reconocemos pecadores y le pedimos humildemente perdón. Los domingos, además, cantamos su Gloria.
  • Escucha y respuesta: Atentos, escuchamos la Palabra de Dios, sentados las primeras lecturas y de pie el Evangelio. Luego su explicación, que se llama homilía, de parte del sacerdote o diácono. A lo cual respondemos con el Credo (días de precepto) y oración de los fieles.
  • Presentación y Ofrecimiento: presentamos y ofrecemos, no sólo el pan y el vino, sino además, nuestra vida y corazones, “los gozos y alegrías de cada día” (Misal Romano), para que cobren sentido junto al sacrificio de Cristo.
  • Comunión y seguimiento: Al escuchar la plegaria eucarística, resuenan las palabras de Jesús: “esto es mi Cuerpo”, “este es el cáliz de mi Sangre”. Por lo cual, después del Padrenuestro, la oración de los hijos de Dios, si estamos convenientemente  preparados, nos acercamos a comulgar, es decir, a recibir al Señor, para que entre en nuestra vida y podamos seguirlo e imitarlo.
  • Transmitir a los demás: Luego de un momento de silencio, de gran importancia, en el que agradecemos a Dios su amor, y después de la oración final, nos vamos “en paz”, o sea, para transmitir a los demás esa paz que hemos recibido.

  1. Lo más importante:
Lo más importante es, sin embargo, descubrir que en la Misa, hay escondida detrás de ambas mesas y de todos los gestos, una presencia: Jesús, que renueva su sacrificio redentor. Él, es el que nos espera en cada celebración eucarística y, por esto, cada misa es importante, cada misa es una cita que no podemos postergar, cada misa es una obligación de amistad con Aquel que nos amó hasta el extremo.

Conclusión:
Por esto, le pedimos a la Virgen siempre fiel nos conceda descubrir esta importante riqueza de la misa, no sólo para hacer cualquier esfuerzo por ir cada domingo, sino también para vivirla cada vez mejor.