La fe que confía, escucha y obra
Introducción:
“Creer en Dios significa para el hombre adherirse a Dios
mismo, confiando plenamente en Él y dando pleno asentimiento a todas las
verdades por Él reveladas, porque Dios es la Verdad” (CATIC Compendio 27).
- Confiar:
Tanto San Pedro como Elías, al conocer la bondad de Dios,
confiaban en Él. El antiguo profeta, al escuchar que debía salir de la cueva,
se preparó para salir apenas llegara el mensaje de Dios. El apóstol, se animó a
caminar sobre las aguas porque Cristo se lo mandó.
Ambos, con su ejemplo, nos muestran esta característica de
la fe: la confianza. Al saber que Dios es infinitamente bueno, admirablemente
sabio y todopoderoso, confiamos en que sus palabras siempre son buenas,
verdaderas y posibles para nosotros.
De este modo, nos confiamos en Él incluso cuando no
entendemos, no vemos, no sentimos, ya que creemos que Él no puede engañarnos.
- Escuchar:
“Voy a escuchar lo que dice el Señor” (Sal 84/85,9),
exclaman, con el salmista, todos los que creen. Porque al confiar, estamos
dispuestos a escuchar:
“Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y
hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento.
Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto.
Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla,
Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la
entrada de la cueva” (1Rey 19,11-13).
La fe es una escucha suave, una escucha silenciosa. Porque
Dios nos habla, muchas veces, sin manifestaciones extraordinarias. Nos habla
mediante la Sagrada Escritura, mediante la Iglesia, nos habla en la oración, en
las circunstancias de nuestra vida.
Tenemos que aprender, siempre, a escuchar a Dios, incluso
cuando nos dice algo que nos cuesta, cuando nos enseña algo contrario a lo que
pensamos nosotros o los demás, a lo que está de moda.
Actualmente, en el mundo se escuchan muchas voces contrarias
a lo que enseña Dios. La fe nos hace posible aceptar esa luz que viene de lo
Alto, para que no equivoquemos el camino. No podemos permitir que lastimen
nuestra fe, porque “cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban
languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la
capacidad de iluminar toda la existencia del hombre” (PAPA FRANCISCO, LF
4)
- Obrar:
El que cree verdaderamente, lo vive. Toda la existencia
humana queda transformada por la voz de Dios. El primer Papa escuchó a Jesús y
se adentró al mar. Tuvo fe y obedeció. Pero también nos enseña que no es fácil,
que podemos experimentar nuestra debilidad y necesitar suplicarle al Señor nos
ayude.
Al ver la fuerza de las olas comenzó a hundirse. También a
nosotros nos sucede que, por la fuerza de las dificultades, la violencia del
mal, nuestra fe se hunde. Ahí entonces tendremos que volver nuestra mirada al
Señor Jesús, reafirmar nuestra fe rezando y pidiendo su auxilio.
Aunque nos cueste vivir la fe, no podemos hundirnos, sino
que, con la ayuda divina, volviendo a confiar en Él y escuchar su voz, debemos
volver a la seguridad de la barca.
Conclusión:
Le pedimos a la Virgen fiel, interceda para que al confiar en Dios podamos escuchar siempre su voz amante, aunque
nos cueste poder vivirla.