Ascensión del Señor: ¿Dónde está Jesús?
Hch 1, 1-11; Sal 46,2-3.6-9; Ef 1, 17
-23; Mc 16,15-20
Introducción:
Cuando amamos a alguien, entre otras cosas, nos interesa
estar con esa persona. Por eso, una pregunta necesaria y muy importante es:
¿dónde está? Nosotros, nos podemos preguntar y es muy bueno que así sea, ¿dónde
está Jesús? Y nos preguntamos esto para poder buscarlo con nuestro corazón.
Para nuestra alegría, la respuesta no es una, sino múltiple,
ya que Jesús está en diferentes lugares y de diversos modos:
- Jesús subió al Cielo:
Tanto los Hechos de los Apóstoles como los Evangelios nos
narran lo que Jesús hizo al despedirse de los suyos: subir a los Cielos. San Marcos escuetamente nos dice: “Después de
decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha
de Dios” (Mc 16,19). Los Hechos agregan que fue después de una comida (Cf. Hch
1,4). Por tanto, después de comer juntos y de decirles sus últimas palabras, el
Señor fue elevándose al Cielo y fue ocultado tras una nube (Cf. Hch 1,9).
Pero ¿qué significa que Jesús fue al Cielo? “La expresión
bíblica «cielo» no indica un lugar sino un modo de ser: Dios está más allá y
por encima de todo” (CATIC Compendio 586). La Ascensión nos muestra la entrada
de Jesús en “la comunión de vida y poder con el Dios viviente, en la situación
de superioridad de Dios sobre todo espacio” (RATZINGER J, Jesús de Nazaret II,
Planeta-Encuentro, Madrid 2011, página 329). Por lo cual su partida es una
nueva forma de presencia para nosotros, la presencia de Dios y por esto se
entiende que al irse Jesús, los discípulos tuvieran una “gran alegría” (Lc
24,52). Así, podemos encontrar a Jesús en todas partes, siempre que lo
busquemos con un corazón puro.
- También se quedó en la tierra:
Más aún, hay lugares especiales de encuentro con nuestro
Señor, que tanto nos ama, que Él mismo se hace presente en nuestra vida. Por
esto, en los comienzos de la predicación de los Apóstoles, que sin duda no
fueron fáciles, “el Señor los asistía” (Mc 16,20); Jesús estaba cerca
ayudándoles, con su poder, con su consuelo, con sus gracias.
Un lugar, en el cual Él siempre nos espera, es el sagrario, que
es su casa, donde está escondido para que lo busquemos y encontremos. Para que
le hablemos de nuestras cosas, para ofrecerle nuestras ocupaciones, para
pedirle consejo…
Pero, también en nuestros hermanos, sobre todo los que
necesitan de nuestra compañía. Finalmente, Él está a nuestro lado, como lo
estuvo con los Apóstoles, si podemos descubrir con fe todos los gestos de su
amor.
- Cielo y tierra en nuestra vida:
Por esto, en la Misa le pedimos al Padre, en referencia a
Cristo: “concédenos que, según su promesa, Él permanezca siempre con nosotros
en la tierra y nosotros merezcamos vivir con Él en el cielo” (Oración colecta
de la Ascensión). Él comparte nuestra vida en la tierra, nos acompaña en el
camino, no nos ha dejado solos, para que, quienes lo siguen de cerca, quienes
quieren ser sus discípulos de verdad, puedan estar con Él en el Cielo, es
decir, con Dios eternamente, ya que el Cielo es la “verdadera patria hacia la
que tendemos en la esperanza” (CATIC Compendio 586).
Conclusión:
Así le suplicamos a la Virgen: “Querida Madre nuestra, que
estás junto a Jesús nuestro Salvador, te pedimos nos ayudes a tener a Jesús
presente en nuestro corazón y a vivir como Él quiere, para poder estar con Él,
para siempre, en el Cielo”. Amén.