“Obras son amores”
Hch 10, 25-26. 34-35. 44-48; Sal 97,
1-4; 1Jn 4, 7-10; Jn 15, 9-17
Introducción:
Una vez, Moisés, recibió de Dios los diez mandamientos
escritos en dos tablas de piedra, mientras rezaba en un monte. Pero al bajar,
encontró que los israelitas se habían alejado de Dios. Por esto, rompió las
tablas de la Ley. Porque desobedecer un mandamiento es romper toda la ley, es
decir, alejarnos de la voluntad amorosa de nuestro Padre Dios. El Señor que nos
ama, nos invita a amarlo “en serio”, no a medias tintas.
- Dios nos amó primero:
De hecho, Dios puede mandarnos que lo amemos porque primero
nos ha amado Él (Cf. DCE). “Así, nos dice el Apóstol San Juan, Dios nos
manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por
medio de Él” (1Jn 4,9). Y si volvemos al ejemplo de Moisés, en el éxodo se ve
cómo Dios liberó a su pueblo y lo condujo a una tierra mejor.
Más aún, en el Nuevo Testamento, el Hijo de Dios nos dice:
“Como el Padre me amó, también Yo los he amado a ustedes” (Jn 15,9). Amor que,
como sabemos, llega hasta “el fin” (Jn 13,).
Además, Dios envía su Espíritu santificador, a tal punto que,
los mismos cristianos se sorprenden de su generoso amor para con los hombres
(Cf. Hch 10, 44-48). Ya que, como exclamaba San Pablo, “el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado”
(Rm 5,5).
- Amor con amor se paga: nuestra respuesta:
De este modo, conociendo cuánto nos ha amado Dios, y nos
ama, no podemos quedarnos indiferentes: “Amor con amor se paga” dice el refrán.
Por esto, Jesús nos dice: “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor”
(Jn 15,10), ya que “obras son amores”. Por esto, como el amor procede de Dios,
nosotros, que creemos en Él, debemos vivir amando a Dios y a nuestros hermanos
(Cf. 1 Jn 4,7)
Dios, que es la
fuente del amor verdadero, nos enseña y ayuda a amar de verdad. “Cuando creemos
en Jesucristo, participamos en sus misterios y guardamos sus mandamientos, el Salvador mismo ama en nosotros a su
Padre y a sus hermanos, nuestro Padre y nuestros hermanos. Su persona viene
a ser, por obra del Espíritu, la norma viva e interior de nuestro obrar” (CATIC
2074).
- Los mandamientos:
Y este amor, se concreta, en primer lugar, en los Diez
Mandamientos, que no son una serie arbitraria de prohibiciones que nos quita la
libertad, sino las luces que nos indican el camino correcto. De hecho, en un
viaje, para llegar a destino y evitar todo peligro, debemos obedecer las
señales que encontramos a nuestro paso; así son para nuestra vida los
mandamientos de Dios.
Éstos, “constituyen un todo orgánico e indisociable, porque
cada mandamiento remite a los demás y a todo el Decálogo. Por tanto,
transgredir un mandamiento es como quebrantar toda la Ley” (CATIC Compendio
439). “Están gravados por Dios en el corazón del ser humano” (CATIC 2072) y
expresan “deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo”
(CATIC 2072).
Tienen, es cierto, una parte prohibitiva, pero también una
“positiva”, ambas, nos enseñan a amar a Dios y a respetar a los demás, tanto en
sus personas, como en sus bienes y en todo lo demás.
Conclusión:
Por esto, le decimos a la Virgen, nuestra Madre: Señora, haz que descubramos cuánto nos ama
Dios, para que, llenos de alegría, podamos amarlo en nuestros hermanos, con las
obras que nos enseñan los mandamientos. Así sea.