Homilía La Asunción de la Virgen María Ciclo B


El que se humilla será ensalzado


Introducción:
Nuestra Madre, con gran razón y justicia puede ser llamada “Arca de la Alianza”, puesto que esconde en su interior numerosos tesoros. En primer lugar su gran riqueza es Jesús, ya que por Ella nos ha llegado nuestro Salvador. Pero también Ella misma posee numerosos dones que son tesoros de Dios: la Inmaculada Concepción, su pureza virginal, su fidelidad sin límites… su Asunción gloriosa.
Así, “la Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el Pueblo de Dios en Marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo (LG 68)” (CATIC 972).
Por lo cual, contemplar este Arca de numerosos tesoros es, para nosotros, de gran luz, aliento, guía, sostén… Y uno de esos tesoros, muy importante porque está en la base de los demás y de un modo especial relacionado con su gloriosa Asunción, es la humildad.

1.       Humildad:
La humildad, según santa Teresa, consiste en andar en verdad. Y así, nos hace ocupar nuestro propio lugar, principalmente ante Dios, pero no sólo ante Él, porque el que se sabe creatura y en todo dependiente del Señor, también se relacionará como debe con los demás que son creaturas como uno mismo.
Así, respecto a la humildad con Dios, “la adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador” (CATIC 2628). A la vez que, la misma “adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas” (Ídem). Por esto, el humilde, con los bienes que posee no se enorgullece pues todo viene de Dios, y con los males, no se desalienta porque los pone en las manos del omnipotente.
A su vez, “la humildad confiada nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo, y de los unos con los otros (cf 1 Jn 1, 7-2, 2)” (CATIC 2631). Y así se evita fácilmente en el trato con los demás todo lo que sabe a orgullo, desdén, soberbia…
Por esto, San Agustín decía: “Si quieres ser grande, comienza por ser pequeño; si quieres construir un edificio que llegue hasta el cielo, piensa primero en poner el fundamento de la humildad. Cuanto mayor sea la mole que se trate de levantar y la altura del edificio, tanto más hondo hay que cavar el cimiento”.

2.       El que se humilla será elevado
De hecho, en los pocos pasajes que el Evangelio dedica a nuestra Madre, Ella aparece como la humilde que escucha y cumple la Palabra de Dios (Cf. Lc 11,27-28). Además, Ella misma reconoce que Dios “miró con bondad la pequeñez de su servidora” (Lc 1,48).
Por esto, la Virgen santísima pudo recibir los demás dones, como expresa la oración colecta de la Misa de la Vigilia: “Dios nuestro, que mirando la humildad de la Virgen María le diste la gracia de ser la Madre de tu Hijo Único, y hoy la has coronado de la gloria celestial; concédenos, por sus ruegos, que quienes fuimos salvados por el misterio de tu redención, merezcamos alcanzar tu gloria”.
Y por esto fue elevada a la gloria mediante el misterio que celebramos, siendo a su vez modelo para nosotros: “La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos” (CATIC 966).

3.       Imitar su humildad:
Y como al contemplarla queremos imitarla, no podemos dejar de reflexionar en el lugar y puesto de la virtud de la humildad tiene en nuestra vida. Y, aunque es muy basto, lo resumimos así:
1. Para con Dios: reconociéndome como creatura necesitada, creada para servir a Dios, darle gloria.
2. Para con los superiores: aceptando los consejos, correcciones, y dependiendo de ellos.
3. Para con los demás: buscando servir, valorar a los demás, felicitarles por sus logros y reconocer su competencia en su campo respectivo” (P. Antonio Rivero LC– Catholic.net, La Humildad y su Importancia).

Conclusión:
Como la Reina del Cielo, “seamos humildes servidores de todos, obrando con tanta sencillez que arrastremos a los demás, con nuestro ejemplo, a alabar y glorificar a Dios. Ante los progresos obtenidos en el camino de la santidad, y los logros en el desempeño de la misión encomendada, sigamos el ejemplo de María, descubriendo en ellos la obra del Todopoderoso” (P. Antonio Rivero LC– Catholic.net, La Humildad y su Importancia).