¿Qué cristiano eres?
Introducción:
Dos de los Apóstoles le hacen una consulta a Jesús. Nuestro
Señor, a su vez, les retruca con una pregunta. Allí podemos ver dos
concepciones diversas de qué significa ser cristiano…
- Seguir a Cristo:
El Papa emérito Benedicto XVI decía en su primera encíclica:
“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino
por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo
horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”[1]
Ser cristiano, además de recibir los sacramentos, tener fe,
estar en comunión con la Iglesia Católica, significa seguir a Cristo de cerca,
dejar que nuestra vida sea transformada por Él.
- Dos modos de pensar:
Sin embargo, en este camino de seguimiento del
Señor podemos ver dicho cometido de un modo confuso, como lo vieron sus
Apóstoles[2]. Ellos
pretendieron seguir a Jesús, en las
buenas, con gloria, compartiendo su triunfo…
De otro modo nos puede suceder lo mismo a nosotros:
pretender que por ir a misa todo nos tiene que ir bien, enojarnos ante las
dificultades, buscar más las cosas de Dios que al Dios de todas las cosas, etc.
etc. etc.
Por otro lado, está la visión de Dios. El Señor
Jesús, al responder a la inquietud de sus Apóstoles que le pidieron puestos de
honor, les retruca con otra pregunta: “¿Pueden beber el cáliz que Yo
beberé y recibir el bautismo que Yo recibiré?”
La mirada es otra. Jesús quiere que lo sigamos a
Él, por Él. Que podamos estar cerca en toda circunstancia, en la salud y en la
enfermedad, en la pobreza y en la riqueza. Esto implica una valoración diversa:
Dios es más importante que sus dones.
Entonces, el cristiano que entiende esta forma de
ver de Dios, amará al Señor por sobre todas las cosas, incluso las propias, lo
servirá con generosidad, se acercará a Dios no sólo para pedir sino también
para dar…
- El misterio amoroso de la cruz:
San Luis María ponía en labios de Jesús, como si nos dijera
a cada uno de nosotros, que tiene muchos amigos de su mesa pero pocos amigos de
su cruz.[3]
Mesa y cruz parecen símbolos de ambos pensamientos. Los amigos de la mesa de
Dios buscan los dones de Dios; los amigos de la cruz de Dios, buscan a Dios,
quieren acompañarlo siempre.
Por esto, el misterio de la cruz ilumina y transforma.
Ilumina nuestra mente para ver como ve Dios; nos transforma con la fortaleza de
Cristo para vivir como cristianos al estilo del Señor.
La misa tiene las dos cosas: mesa y cruz. Es el banquete
eucarístico y el santo sacrificio de la cruz. Al acercarnos a ella, al
participar cada domingo o cada día es importante que nos acerquemos al Señor,
no sólo a su mesa sino también a su cruz…
Conclusión:
Le pedimos a la Virgen la gracia de amar a Dios sobre todas
las cosas y en todas las circunstancias, como Ella lo hizo.