Homilía Domingo XXVIII Tiempo Ordinario Ciclo B


Múltiples llamados


Introducción:
El Señor Jesús se ha acercado a nosotros, a todos para que podamos seguirlo. Así, todos estamos llamados a ir tras Él en su imitación, aunque no todos del mismo modo.

  1. El llamado de los mandamientos:
Jesús, cuando se encuentra con este hombre que quería saber cuál era el camino al Cielo, en su primera respuesta menciona algunos de los mandamientos: “Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre»” (Mc 10,19).
En el Evangelio escrito por San Juan, durante la Última Cena, el Señor diferencia a los que lo aman de los que no por esto mismo: “El que me ama será fiel a mi palabra” (Jn 14,23).
De este modo, los mandamientos son un primer llamado para todos, es el camino de seguimiento del Señor, para poder imitarlo, agradarlo y lograr estar con Él en la Eternidad. En su respuesta, Jesús sólo nombra algunos, referidos al bien del prójimo, ya que amar al prójimo, como Jesús, es signo de amar a Dios: “¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?” (1Jn 4,20).

  1. El llamado de los consejos evangélicos:
Según San Marcos, ante la respuesta del joven de que cumplía los mandamientos, Jesús le dice que le falta una cosa. San Mateo anota la frase: “Si quieres ser perfecto…” (Mt 19,21). Con esto nos da a entender que tiene un llamado especial, a ejercitar obras que no son obligatorias para todos, pero que, para él son el camino de cercanía con Jesús.
De hecho, “los consejos evangélicos están propuestos en su multiplicidad a todos los discípulos de Cristo” (CATIC 915), pero no del mismo modo. Con la intención de vivir una dedicación más íntima a Dios surge la vida consagrada, en la cual “los fieles de Cristo se proponen, bajo la moción del Espíritu Santo, seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y, persiguiendo la perfección de la caridad en el servicio del Reino, significar y anunciar en la Iglesia la gloria del mundo futuro (cf. CIC, can. 573)” (CATIC 916). Por esto, no se conforman con el espíritu de pobreza, castidad y obediencia sino que se dedican a vivirlos concretamente.
En este sentido, es bueno meditar sobre la vida consagrada, que forma parte de la riqueza de la Iglesia y a la cual, Dios hoy sigue llamando a algunos jóvenes. En este sentido, San Luis Gonzaga es ejemplo de fidelidad al llamado de Dios, pues numerosas veces tuvo que superar los obstáculos de su padre. Éste lo enviaba a las cortes italianas para que desistiera de su propósito y le encomendó importantes tareas para que otras ambiciones le hicieran cambiar de parecer. Sin embargo, después de un tiempo, el que cambió de parecer fue don Ferrante, quien lo autorizó a irse a la Compañía de Jesús a los 18 años (Cf. Cristo hoy 14-20/02/07).

  1. Nuestra respuesta:
Lo importante para nosotros, lo que nos deja la Palabra de Dios hoy, es el deseo de responder afirmativamente al Señor, con toda generosidad. De nada sirve ir a preguntarle y después volvernos tristes por no querer responderle.
Esta actitud, de generosa entrega es importante siempre, en cada acontecimiento de la vida, pero de un modo especial cuando se refiere a la propia vocación, a ese llamado que Dios hace para seguirlo de un modo determinado. Es necesario rezar por las vocaciones, para que Dios llame y los llamados respondan generosamente.

Conclusión:
Le pedimos a la Virgen la gracia de que nuestra vida sea una respuesta concreta a esos llamados que Dios nos hace.