Homilía del Bautismo del Señor, ciclo C


Bautismo del Señor


Introducción:
Toda la vida de Cristo reviste una  excelencia, una grandiosidad, un grado de misterio tal que nos sobrepasa… sin embargo, hay algunos sucesos especiales que nos desbordan mucho más. Por ejemplo, no es lo mismo que Jesús haya curado a un sordo, a que haya resucitado a un muerto, que haya multiplicado los panes a que le haya dado la vista a un ciego de nacimiento, milagro que nunca antes se había oído (Cf. Jn 9,32).

  1. La Santísima Trinidad manifestada:
Así, muy especial es el misterio que hoy celebramos: el bautismo del Señor. Porque en este suceso de la vida de Cristo, se nos manifestó la Santísima Trinidad. En el Antiguo Testamento, los profetas proclamaban la presencia de Dios, su cercanía, por lo cual no se cansaban de decir al pueblo: Aquí está tu Dios (Cf. Is 40,9). Pero de apoco se fue manifestando el misterio íntimo de Dios, tanto que en el Nuevo Testamento, se nos da a conocer su intimidad: las tres Divinas Personas. En el agua tenemos a Cristo, la Paloma que desciende sobre Él y la voz: “Tú eres mi Hijo muy querido” (Lc 3,22).

  1. En la Trinidad, bautizados:
Esto mismo se refleja en nuestro bautismo: “El rito esencial del Bautismo consiste en sumergir en el agua al candidato o derramar agua sobre su cabeza, mientras se invoca el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (CATIC Compendio 256).
Las aguas bautismales son, para nosotros, un nuevo nacimiento en Dios. Él nos adopta como hijos suyos, “haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo” (Tit 3,5). Por los siglos se cumple aquella profecía del Bautista: “Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego” (Lc 3,16).

  1. Vivir como hijos de Dios:
Este suceso, tan importante en la vida de la Iglesia, debe tener sus efectos en la existencia de cada cristiano: “La gracia es una participación en la vida de Dios. Nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria: por el Bautismo el cristiano participa de la gracia de Cristo, Cabeza de su Cuerpo. Como “hijo adoptivo” puede ahora llamar “Padre” a Dios, en unión con el Hijo único. Recibe la vida del Espíritu que le infunde la caridad y que forma la Iglesia” (CATIC 1997).
La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y las concupiscencias del mundo, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús” (Tit 2,11-13).
Esta vida de gracia se manifiesta y desarrolla, principalmente mediante la oración profunda, los sacramentos asiduos y los mandamientos practicados con coherencia y fidelidad.

Conclusión:
Le pedimos a la Virgen, nuestra Madre en el orden de la gracia, nos encamine por las sendas de la santidad a la que nos llama el agua bautismal.