La oración de los cristianos
Introducción:
Como dice San Lucas, los discípulos de Cristo, al verlo
rezar, le pidieron que les enseñara. De este modo, Nuestro Divino Salvador nos
orienta por el camino de la oración con sus palabras y con su ejemplo (Cf. Lc
11,1).
- Una oración especial:
Con el Padrenuestro, Jesús no sólo nos enseñó un modo de
hablar con Dios, sino también el distintivo práctico de los cristianos. En esta
oración encontramos palabras para dirigirnos
a Dios a la vez que un programa de vida espiritual.
De hecho, “el Padre nuestro es «el resumen de todo el
Evangelio» (Tertuliano); «es la más perfecta de todas las oraciones» (Santo
Tomás de Aquino). Situado en el centro del Sermón de la Montaña (Mt
5-7), recoge en forma de oración el contenido esencial del Evangelio” (CATIC
Compendio 579). Por esto, ocupa un lugar muy importante tanto en la liturgia de
la Iglesia como en la vida cristiana cotidiana (Cf. CATIC Compendio 581).
- El comienzo:
Al rezar las primeras palabras de esta oración maravillosa, recordamos
no sólo el amor infinito de Dios que es nuestro Padre, sino también que, por el
bautismo, somos hijos adoptivos suyos y debemos imitarlo, confiar en Él, corresponder
a su amor.
También, esta oración nos enseña a conjugar la confianza con
la adoración. Es nuestro Padre, a la vez que nuestro Dios. El estar “en el
Cielo” se refiere a su majestad infinita, a su trascendencia, a su grandeza…
Es nuestro Padre, por lo que recurrimos a Él con suma
confianza y gratitud. Es nuestro Dios, por lo que nos acercamos con gran
adoración y servicial entrega. A la luz de estas palabras es importante
examinarnos si, en nuestro trato con el Señor, podemos experimentar ambas
realidades, para no apartarnos de Él, para no acercarnos con irreverencia.
- Las siete peticiones (CATIC 2857-2864):
2857 En el Padre Nuestro, las tres primeras
peticiones tienen por objeto la Gloria del Padre: la santificación del nombre,
la venida del reino y el cumplimiento de la voluntad divina. Las otras cuatro
presentan al Padre nuestros deseos: estas peticiones conciernen a nuestra vida
para alimentarla o para curarla del pecado y se refieren a nuestro combate por
la victoria del Bien sobre el Mal.
2858 Al pedir: “Santificado sea tu Nombre” entramos
en el plan de Dios, la santificación de su Nombre —revelado a Moisés, después
en Jesús— por nosotros y en nosotros, lo mismo que en toda nación y en cada
hombre.
2859 En la segunda petición, la Iglesia tiene
principalmente a la vista el retorno de Cristo y la venida final del Reino de
Dios. También ora por el crecimiento del Reino de Dios en el “hoy” de nuestras
vidas.
2860 En la tercera petición, rogamos al Padre que una
nuestra voluntad a la de su Hijo para realizar su Plan de salvación en la vida
del mundo.
2861 En la cuarta petición, al decir “danos”,
expresamos, en comunión con nuestros hermanos, nuestra confianza filial en
nuestro Padre del cielo. “Nuestro pan” designa el alimento terrenal necesario
para la subsistencia de todos y significa también el Pan de Vida: Palabra de
Dios y Cuerpo de Cristo. Se recibe en el “hoy” de Dios, como el alimento
indispensable, lo más esencial del Festín del Reino que anticipa la Eucaristía.
2862 La quinta petición implora para nuestras ofensas
la misericordia de Dios, la cual no puede penetrar en nuestro corazón si no
hemos sabido perdonar a nuestros enemigos, a ejemplo y con la ayuda de Cristo.
2863 Al decir: “No nos dejes caer en la tentación”,
pedimos a Dios que no nos permita tomar el camino que conduce al pecado. Esta
petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia
de la vigilancia y la perseverancia final.
2864 En la última petición, “y líbranos del mal”, el
cristiano pide a Dios, con la Iglesia, que manifieste la victoria, ya
conquistada por Cristo, sobre el “príncipe de este mundo”, sobre Satanás, el
ángel que se opone personalmente a Dios y a su plan de salvación.
Conclusión:
A la Virgen le pedimos la gracia de rezar de tal modo el
Padrenuestro que, poco a poco, podamos ir viviéndolo.