Cristo Huésped
Introducción:
La visita de alguien, con buenas intensiones claro, es un
gesto de amor que nos alegra a todos. Porque es de buenos valorar el interés de
otros, demostrado, en el hecho simple de venir a visitarnos. Dios también se
deleita en estar con nosotros y visitarnos (Cf. Prov. 8,31).
- Iniciativa Divina:
Los Textos de este domingo nos describen dos visitas
divinas: una a Abraham, la otra de Jesús a sus amigos.
“El Señor se apareció a Abraham” nos dice el Génesis (18,1).
El mismo Abraham le pide que no pase de largo “si quieres hacerme un favor”
(18,3). A lo cual accede el Señor.
“Jesús entró en un pueblo” nos dice el Evangelio (Lc 10,38).
Fue a visitar a sus amigos Lázaro, Marta y María.
Dios siempre tiene esa iniciativa de acercarse a nosotros,
de buscarnos como el Buen Pastor, de visitarnos como el Emanuel (Dios con
nosotros). Más aún, la cruz de Jesús nos muestra el deseo de Dios de estar
cerca de todo hombre que sufre.
- Hospedar a Cristo:
Ante esto, Marta nos enseña la respuesta primera: “lo
recibió en su casa” (Lc 10,38). No podemos ser indiferentes, no es bueno que lo
dejemos pasar. Incluso, habrá que pedir esa presencia.
Luego, las dos hermanas del Evangelio nos enseñan la acogida
que el Señor quiere. Una sirve, la otra escucha. Ambas hacen obra buena. La
segunda es mejor. Acción y oración para servir a Cristo.
Pero, quedándonos con María, que eligió la parte mejor,
podemos meditar sobre el valor de la oración. Siempre será importante rezar, en
todo momento, Jesús es lo más importante, es quien mejor nos ayuda en nuestra
vida.
Ante una gran prueba por dimes
y diretes falsos, que se prolongaba por semanas, y viendo que las fuerzas
se le acababan, Santa Faustina Kowalska pensó la solución: ir al sagrario y pedir la gracia al Señor Sacramentado. Y, aunque
la prueba no desapareció, ella recibió tal fortaleza y tranquilidad de alma que
pudo soportarla cristianamente (Cf. Cristo Hoy 27/11-03/12/08).
- “Cristo entre ustedes”:
Jesús está presente. Más aún, se hace presente de muchos
modos y en diversos “lugares”. Está presente en los que sufren para que lo ayudemos en ellos, está presente en los acontecimientos de nuestra vida para
que confiemos en Él, está presente en su Palabra
para que lo escuchemos.
Su presencia principal, la Eucaristía, con Cuerpo y Sangre, es para que nos acerquemos a Él,
lo amemos, lo recibamos, pasemos momentos con Él…
Conclusión:
Nuestra Madre nos ayude para que, al descubrir la cercanía
de Dios, nos dejemos transformar por ella.