Dios nos habla
Introducción:
Siempre será valorado el hecho de que otro, se interese por
nosotros y nos dirija una palabra buena, que nos aliente, nos ilumine, nos
corrija… Dios también, que en su infinito amor no se cansa de bendecirnos,
también quiso hablar con nosotros.
- Dios nos habla:
Dios nos habla.
Eso “alegran el corazón”, ya que es una muestra de misericordia hacia la
humanidad. Su Palabra nos enseña que Él está cerca de nosotros, que nos ama y
que espera una respuesta de amor (Cf. Lc 10,25-37).
Como eco de esta cercanía de Dios, Moisés le decía al pueblo
de Israel que la Divina Palabra no es lejana: “la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que
la practiques” (Deut. 30,14).
En otros textos de la Escritura, para darnos a entender la
importancia de esta Palabra, se la compara con los mejores bienes materiales;
se dice que es mejor que el oro y la miel, más aún, como decía el primer Papa,
tiene “vida eterna” (Jn 6,68).
- Escritura y creación:
Dios se comunica con los hombres de dos modos principales:
mediante la obra de la creación y mediante la Revelación sobrenatural,
contenida, en las Sagradas Escrituras y Tradición.
“La catequesis sobre la Creación
reviste una importancia capital. Se refiere a los fundamentos mismos de la vida humana y cristiana: explicita la
respuesta de la fe cristiana a la pregunta
básica que los hombres de todos los tiempos se han formulado: “¿De dónde
venimos?” “¿A dónde vamos?” “¿Cuál es nuestro origen?” “¿Cuál es nuestro fin?” “¿De
dónde viene y a dónde va todo lo que existe?” Las dos cuestiones, la del origen
y la del fin, son inseparables. Son decisivas para el sentido y la orientación de nuestra vida y nuestro obrar” (CATIC
282).
Más aún, la Sagrada Escritura es la fuente de
donde la Iglesia saca toda la riqueza de verdades reveladas que iluminan su
camino. Gracias a ella el creyente puede establecer un diálogo íntimo con Dios y asemejar su vida a la de Cristo.
- Respuesta:
Ante ambas posibilidades, siempre queda, departe del hombre,
la exigencia de una respuesta: “¿Qué debo hacer?” (Hch 22,10)
preguntó Saulo de Tarso, al Señor que le salió al paso, convirtiéndose así en
el gran San Pablo.
El beato Carlos de Foucauld, huérfano a los 6 años, vivió un
tiempo la vida militar, pero dejando mucho que desear. Luego, se retiró al
desierto y allí, en el contacto con la naturaleza, con la creación, se
convirtió al divino Creador. “En cuanto creí que Dios existía, comprendí que no
tenía más remedio que vivir para Él”, decía (Cf. Catecismo de la Iglesia
Católica, Confirmación 3, Artes Gráficas Unión, Mendoza, 2009, página 20).
Dios habla. Dios espera una respuesta. No todos estamos
llamados a lo mismo, no todos hemos de tener el mismo estilo de vida, sin
embargo, todos estamos llamados a responder al Señor, convenientemente e ir por
su Camino.
Conclusión:
Le pedimos a nuestra Madre celestial nos ayude a escuchar a
Dios, “no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley”
(Sant. 1,25).