Homilía Domingo XV Tiempo Ordinario Ciclo C

Dios nos habla

Introducción:
Siempre será valorado el hecho de que otro, se interese por nosotros y nos dirija una palabra buena, que nos aliente, nos ilumine, nos corrija… Dios también, que en su infinito amor no se cansa de bendecirnos, también quiso hablar con nosotros.

  1. Dios nos habla:
Dios nos habla. Eso “alegran el corazón”, ya que es una muestra de misericordia hacia la humanidad. Su Palabra nos enseña que Él está cerca de nosotros, que nos ama y que espera una respuesta de amor (Cf. Lc 10,25-37).
Como eco de esta cercanía de Dios, Moisés le decía al pueblo de Israel que la Divina Palabra no es lejana: “la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques” (Deut. 30,14).
En otros textos de la Escritura, para darnos a entender la importancia de esta Palabra, se la compara con los mejores bienes materiales; se dice que es mejor que el oro y la miel, más aún, como decía el primer Papa, tiene “vida eterna” (Jn 6,68).

  1. Escritura y creación:
Dios se comunica con los hombres de dos modos principales: mediante la obra de la creación y mediante la Revelación sobrenatural, contenida, en las Sagradas Escrituras y Tradición.
“La catequesis sobre la Creación reviste una importancia capital. Se refiere a los fundamentos mismos de la vida humana y cristiana: explicita la respuesta de la fe cristiana a la pregunta básica que los hombres de todos los tiempos se han formulado: “¿De dónde venimos?” “¿A dónde vamos?” “¿Cuál es nuestro origen?” “¿Cuál es nuestro fin?” “¿De dónde viene y a dónde va todo lo que existe?” Las dos cuestiones, la del origen y la del fin, son inseparables. Son decisivas para el sentido y la orientación de nuestra vida y nuestro obrar” (CATIC 282).
Más aún, la Sagrada Escritura es la fuente de donde la Iglesia saca toda la riqueza de verdades reveladas que iluminan su camino. Gracias a ella el creyente puede establecer un diálogo íntimo con Dios y asemejar su vida a la de Cristo.

  1. Respuesta:
Ante ambas posibilidades, siempre queda, departe del hombre, la exigencia de una respuesta: “¿Qué debo hacer?” (Hch 22,10) preguntó Saulo de Tarso, al Señor que le salió al paso, convirtiéndose así en el gran San Pablo.
El beato Carlos de Foucauld, huérfano a los 6 años, vivió un tiempo la vida militar, pero dejando mucho que desear. Luego, se retiró al desierto y allí, en el contacto con la naturaleza, con la creación, se convirtió al divino Creador. “En cuanto creí que Dios existía, comprendí que no tenía más remedio que vivir para Él”, decía (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, Confirmación 3, Artes Gráficas Unión, Mendoza, 2009, página 20).
Dios habla. Dios espera una respuesta. No todos estamos llamados a lo mismo, no todos hemos de tener el mismo estilo de vida, sin embargo, todos estamos llamados a responder al Señor, convenientemente e ir por su Camino.

Conclusión:
Le pedimos a nuestra Madre celestial nos ayude a escuchar a Dios, “no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley” (Sant. 1,25).