Ir y volver a Cristo
Introducción:
Cuando Jesús estaba en casa de Marta y María, cuando la
primera estaba trabajando y la segunda escuchaba al Señor, Jesús dijo que esta
última había elegido la mejor parte. Jesús es lo más necesario y estar de cara a Él, escuchándolo, es lo más
importante (Cf. Lc 10,38-42).
- Lo más importante:
Por esto, San Pablo le decía a San Timoteo que se acordara de Jesucristo, muerto y
resucitado, pero de tal modo que imitara su vida: “Esta doctrina es digna de fe:
Si hemos muerto con Él, viviremos con Él. Si somos constantes, reinaremos con Él.
Si renegamos de Él, Él también renegará de nosotros. Si somos infieles, Él es
fiel” (2Tim 2,8-13).
Estar verdaderamente cerca
del Señor es lo más importante, cerca por el conocimiento, cerca por el amor,
cerca por la imitación…
- Ir y volver:
El Evangelio nos relata
que unos hombres enfermos se acercaron a Jesús: “Le salieron al encuentro diez
leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»”
(Lc 17,12-13).
Pero ¿todos se
acercaron del mismo modo? Nueve se acercaron solamente para pedir y, una vez
curados, no volvieron más. El número diez, “al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta
y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias” (Lc 17,15-16).
Este último fue a encontrarse con Jesús no una sola vez; fue y volvió a ir. Porque reconoció la
bondad del Señor. No podemos usar a Dios, sino dejarnos conquistar por su amor,
hasta que nos haga semejantes a Él que, por nosotros, murió y resucitó.
- Contemplar a Cristo:
Esto sucede en la oración, sobre todo en la oración de
contemplación, como es el Santo Rosario. “El Rosario, en cuanto meditación sobre Cristo con María, es
contemplación saludable. En efecto, penetrando,
de misterio en misterio, en la vida
del Redentor, hace que cuanto Él ha realizado y la Liturgia actualiza sea
asimilado profundamente y forje la
propia existencia” (San Juan Pablo II, RVM 13).
- Comprender a Cristo: “Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la 'escuela' de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje” (San Juan Pablo II, RVM 14).
- Imitar a Cristo: “En el recorrido espiritual del Rosario, basado en la contemplación incesante del rostro de Cristo –en compañía de María– este exigente ideal de configuración con Él se consigue a través de una asiduidad que pudiéramos decir 'amistosa'” (San Juan Pablo II, RVM 15).
- Rogar a Cristo: “En el Rosario, mientras suplicamos a María, templo del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 35), Ella intercede por nosotros ante el Padre que la ha llenado de gracia y ante el Hijo nacido de su seno, rogando con nosotros y por nosotros” (San Juan Pablo II, RVM 16).
- Anunciar a Cristo: “El Rosario conserva toda su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el bagaje pastoral de todo buen evangelizador” (San Juan Pablo II, RVM 17).
Conclusión:
Le pedimos a la Virgen que nos anime a ser fieles a la
oración del Santo Rosario, para que yendo continuamente al encuentro del Señor
seamos transformados por su amor y podamos escuchar como aquel leproso
agradecido: “tu fe te ha salvado.”