Homilía Domingo XXV Ciclo A

 

Jornaleros del Reino en el mundo

 

Introducción:

Todos los bautizados somos hijos de Dios, hermanos de Cristo, templos del Espíritu Santo. Pero también, todos los bautizados somos “jornaleros”, todos, cada uno según su vocación, somos servidores del Reino. A cada uno de nosotros el Señor nos llama a colaborar en su obra de amor y salvación.

 

  1. Llama a todos:

Con el bautismo y la confirmación, todos los cristianos estamos llamados a colaborar en el Reino de Dios, a trabajar en la viña de Nuestro Señor Jesucristo. Todos tenemos, en la Iglesia, no sólo un lugar importante, sino también una misión particular que realizar.

En la medida en que la hacemos por Dios y en nombre de la Iglesia, nuestra Madre, nos hacemos sus ojos, manos o pies, para que ella actúe en el mundo. En este sentido, no sólo los sacerdotes y consagrados colaboran con la obra del Señor, sino también los laicos, tienen un cometido específico.

 

  1. La misión de los laicos:

En este sentido, bien nos podemos preguntar cuál es la obra que Dios quiere para los cristianos laicos. Así, nos lo enseña el Catecismo: “Los fieles laicos tienen como vocación propia la de buscar el Reino de Dios, iluminando y ordenando las realidades temporales según Dios. Responden así a la llamada a la santidad y al apostolado, que se dirige a todos los bautizados” (CATIC Compendio 188).

Dicho de forma sencilla, Dios quiere llegar, con su sabiduría salvadora y con su amor que todo lo transforma, a todos los rincones de la sociedad. Quiere llegar a las escuelas, a los hospitales, a los estudios jurídicos, universidades, al ámbito de la política, el arte, el deporte… Para ello cuenta con los católicos que allí desarrollan sus vidas. ¡Ésta es la misión del laico! Como la levadura que, en medio de la masa, la transforma y hace elevar.

Para esto, el fiel laico, necesita una profunda vida de fe, en la cual, oración y acción se conjuguen armoniosamente para que, lo que recibe de Dios mediante sus momentos de oración, lo transmita a los demás con su acción y testimonio.

 

  1. El triple oficio:

En esta misión, el laico tiene una especial participación en el triple oficio (munus) de Cristo Salvador. A su modo, cada cristiano, colabora con la obra de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey.

“Los laicos participan en la misión sacerdotal de Cristo cuando ofrecen como sacrificio espiritual «agradable a Dios por mediación de Jesucristo» (1 P 2, 5), sobre todo en la Eucaristía, la propia vida con todas las obras, oraciones e iniciativas apostólicas, la vida familiar y el trabajo diario, las molestias de la vida sobrellevadas con paciencia, así como los descansos físicos y consuelos espirituales. De esta manera, también los laicos, dedicados a Cristo y consagrados por el Espíritu Santo, ofrecen a Dios el mundo mismo” (CATIC Compendio 189).

“Los laicos participan en la misión profética de Cristo cuando acogen cada vez mejor en la fe la Palabra de Cristo y la anuncian al mundo con el testimonio de la vida y de la palabra, mediante la evangelización y la catequesis. Este apostolado «adquiere una eficacia particular porque se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo» (Lumen Gentium 35)” (CATIC Compendio 190).

“Los laicos participan en la misión regia de Cristo porque reciben de Él el poder de vencer el pecado en sí mismos y en el mundo, por medio de la abnegación y la santidad de la propia vida. Los laicos ejercen diversos ministerios al servicio de la comunidad, e impregnan de valores morales las actividades temporales del hombre y las instituciones de la sociedad” (CATIC Compendio 191).

 

Conclusión:

Pidamos a la Virgen Inmaculada, colaboradora de la Palabra encarnada, nos dé a cada uno de nosotros, la fortaleza y el entusiasmo para trabajar en la viña de nuestro amado Padre Dios, según la misión propia que el Señor ha pensado para cada uno de nosotros.