Homilía del DOmingo XXXII del Tiempo Ordinario Ciclo A



La pequeña fidelidad

 

Introducción:
Nuestro Señor, en una ocasión, dijo una frase muy contundente para mantener nuestra esperanza en la Vida Eterna, para mantener nuestro caminar hacia Él, para mantener nuestra fidelidad: “El que es fiel en lo poco es fiel en lo mucho.”

  1. Buscar:
Con la figura misteriosa de esa Sabiduría personificada, la primera lectura nos enseña que, si buscamos a Dios lo encontraremos (Cf. Sab 6,12). Buscar, desear conocer más y estar más cerca de Él, será siempre un signo de fidelidad, no contentarse con lo mínimo, luchas contra el pecado, nos muestra que en nuestro corazón hay vida cristiana.
Por el contrario, si nos da lo mismo estar con Dios que no, hacer su voluntad o dejar de hacerla, vivir en gracia o en pecado… Si hemos dejado de buscarlo, estamos en peligro. Por desánimo, por desilusión, por apego a las cosas de este mundo, por egoísmo… por cualquier motivo, nuestra alma puede perder ese entusiasmo del primer momento en que nos encontramos con Dios. Es importante no dejar que esto suceda. “El que busca, encuentra” dijo el Señor Jesús.

  1. Crecer:
Para poder tener aceite al final, hay que juntarlo durante la vida. Es importante desarrollar un gran tesoro de bienes espirituales, ir acumulando obras buenas agradables a Dios, obras de fe, esperanza y caridad, obras de justicia y demás virtudes.
El cristiano alimenta día a día esa lámpara interior de su fe, no deja que se apague, no deja que se agote el aceite. Para ser fieles a Dios hasta el final hay que serlo cada día, para que Él nos encuentre preparados hay que estarlo cada día. La fidelidad en lo poco, en lo cotidiano, es fundamental: esta fidelidad se refiere a la oración, a la vida sacramental, a las buenas obras.

Conclusión:
Le pedimos a la Santísima Virgen que nos ayude a que, día a día, podamos crecer en fidelidad a Dios que siempre es fiel con nosotros.