Homilía del Domingo III de Pascua Ciclo B



Vida según el Resucitado

Hechos 3,13-15.17-19; Sal 4, 2. 7. 9; 1 Juan 2, 1-5; Lucas 24, 35-48
Introducción:
Después de haber celebrado el gran misterio de la Pascua, las lecturas de la Liturgia nos hacen reflexionar sobre una verdad muy importante para nuestra vida: nosotros recibimos y a su vez tenemos la misión de transmitir a los demás, el poder de la Resurrección de Cristo.
Podemos considerar esta misión, en la triple tarea esencial para la Iglesia: liturgia y sacramentos, vida de servicio caritativo, anuncio y testimonio (Cf. DCE 25a).

  1. Liturgia:
En la Liturgia, Dios viene a nuestro encuentro, como lo hizo con Santa María Magdalena, los discípulos de Emaús, y otros, para transformar nuestras vidas. Por esto, cada Sacramento es un momento de especial cercanía con nuestro Dios, que quiere darnos todo el amor que Él mismo nos demostró en la Cruz.  Por este motivo, se nos dice que los Sacramentos comunican, al que está bien dispuesto, la gracia, es decir, la vida que Dios quiere compartirnos.
Así, en las celebraciones litúrgicas, cada uno, haciendo todo y sólo lo que le corresponde, se une a la obra de Cristo (Cf. CATIC Compendio 233), en la cual se da gloria a Dios y el hombre es santificado, transformado en su corazón, por el don que el mismo Cristo nos alcanzó en su Misterio Pascual.
Por esto, los creyentes valoran cada uno de los siete Sacramentos, porque en ellos se encuentran con Dios y con su entrañable misericordia. Desde el bautismo, en el que recibimos el don de la vida nueva, hasta el matrimonio y el orden en que Dios nos enseña la vida del amor, pasando por todos los demás, descubrimos, en cada uno de ellos a Dios que nos espera.

  1. Vida según el Resucitado:
Este encuentro con Dios, no nos deja de la misma manera, muy por el contrario, nos va convirtiendo el corazón, como el fuego transforma un tronco en una braza ardiente. Y esta transformación, si es verdadera, se traduce en la vida, mediante obras de fe, esperanza y caridad.
El servicio del amor al prójimo por amor de Dios es una forma de transmitir a los demás la gracia del Resucitado: “Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo” (Mt 5,16). Y las buenas obras consisten en el doble mandamiento del amor: “La señal de que lo conocemos, es que cumplimos sus mandamientos” (1Jn 2,3) y las obras de misericordia. De esta forma, mediante una vida entregada al servicio del amor, se transmite el misterio que celebramos en la Pascua.

  1.  Predicación de la conversión y el perdón:
Finalmente, a los que se esfuerzan por encontrarse con Dios y vivir según su amorosa voluntad, el Señor los envía a anunciarlo: “en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados” (Lc 24,47). Porque, como dice el Apóstol, la fe viene de lo que se oye de la predicación. Por esto, todos los creyentes tenemos la misión de anunciar nuestra fe, algunos de un modo y otros de otro.

Conclusión:
Así, en este domingo, le pedimos a la Virgen poder recibir la Resurrección que llega a nosotros y por nuestro medio ha de llegar a los que nos rodean, para ir transformando el mundo, según el amor de Dios.