Buen Pastor
Hch 4,8-12; Sal 117, 1 y 8-9. 21-23.
26 y 28-29; 1Jn 3,1-2; Jn 10, 11–18
Introducción:
Tal como ocurría, cuando Cristo estaba entre los hombres,
también hoy Dios sigue llamando a algunos para que, siguiéndolo de cerca, sean
testigos, ante los demás, de algo muy importante: que “Dios es Amor” (1 Jn 4,8).
- Dios es amor:
Nuestro Dios es “la fuente de todo don perfecto” (Benedicto
XVI, Mensaje de oración por las vocaciones 2012), puesto que todo lo que hizo
lo hizo por amor, desde la creación hasta nuestra santificación. Por esto,
canta el salmista: “es eterno su amor”
(Sal 117/118,1).
En el amor, también nosotros encontramos nuestro camino a la
felicidad: “En el Hijo Jesús –afirma el Apóstol– «nos eligió antes de la
fundación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el
amor» (Ef 1,4)” (Benedicto XVI, Mensaje de oración por las vocaciones 2012).
Cada uno de nosotros “es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso,
fiel, eterno (cf. Jr 31,3). El
descubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en
lo más hondo” (Benedicto XVI, Mensaje de oración por las vocaciones 2012). “¡Miren,
dice San Juan, cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y
nosotros lo somos realmente” (1Jn 3,1).
- Dios llama por amor:
Más aún, la misma vocación, a la que cada uno puede estar
llamado, es un gesto del divino amor: “Toda vocación específica nace de la
iniciativa de Dios; es don de la caridad de Dios. Él es quien da el “primer
paso” y no como consecuencia de una bondad particular que encuentra en
nosotros, sino en virtud de la presencia de su mismo amor «derramado en
nuestros corazones por el Espíritu» (Rm 5,5)” (Benedicto XVI, Mensaje de
oración por las vocaciones 2012).
Así, en el amor, en el amor que viene de Dios y cuya imagen
la encontramos en Cristo, entregado por nosotros, está la realización de toda
vocación cristiana: “En este terreno oblativo, en la apertura al amor de Dios y
como fruto de este amor, nacen y crecen todas las vocaciones” (Benedicto XVI,
Mensaje de oración por las vocaciones 2012). De hecho, sin la caridad no se
entiende la vida sacerdotal o religiosa.
- Vocación al amor:
El llamado al sacerdocio, es un llamado a amar como el Buen
Pastor que, amando a Dios, es capaz de dar “su vida por las ovejas” (Jn 10,11).
Así, los dos mandamientos principales, que son decisivos en toda vida
cristiana, adquieren un carácter especial en la vida sacerdotal.
“Estas dos
expresiones del único amor divino han de ser vividas con especial intensidad y
pureza de corazón por quienes se han decidido a emprender un camino de
discernimiento vocacional en el ministerio sacerdotal y la vida consagrada; constituyen
su elemento determinante” (Benedicto XVI, Mensaje de oración por las vocaciones
2012).
·
Amar a Dios sobre todas las cosas: “La fuerza de
la respuesta de San Pedro al divino Maestro: «Tú sabes que te quiero» (Jn
21,15), es el secreto de una existencia entregada y vivida en plenitud y, por
esto, llena de profunda alegría”.
·
Amar al prójimo como Cristo: “La otra expresión
concreta del amor, el amor al prójimo, sobre todo hacia los más necesitados y
los que sufren, es el impulso decisivo que hace del sacerdote y de la persona
consagrada alguien que suscita comunión entre la gente y un sembrador de
esperanza” (Benedicto XVI, Mensaje de oración por las vocaciones 2012).
En la dinámica del amor recibido de Dios y transmitido se
encuentra el camino de formación para las vocaciones: “Palabra, oración y Eucaristía son el tesoro precioso para
comprender la belleza de una vida totalmente gastada por el Reino” (Benedicto
XVI, Mensaje de oración por las vocaciones 2012).
Conclusión:
Le pedimos a nuestra Madre la gracia de la fe: fe en
que Dios nos ama infinitamente, para que podamos devolverle nuestro amor,
transformado por el suyo. Y también le pedimos, que este crecimiento suscite en
los jóvenes, la valentía de decirle sí, al Señor.