Homilía Domingo de Pascua Ciclo B



Domingo de Pascua

Hechos 10, 34a. 37-43; Sal 117, 1-2. 16ab- 17. 22-23; Colosenses 3, 1-4; Juan 20, 1-9

Introducción:
Acompañar a Jesús en el Viernes Santo debe ser seguido por la celebración del Domingo de Pascua ya que “la Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, y representa, con la Cruz, una parte esencial del Misterio pascual” (CATIC Compendio 126).

1.                    La Resurrección es un acontecimiento histórico y trascendente:
Ante todo, hemos de reafirmar que Jesús resucitó verdaderamente: “Además del signo esencial, que es el sepulcro vacío, la Resurrección de Jesús es atestiguada por las mujeres, las primeras que encontraron a Jesús resucitado y lo anunciaron a los Apóstoles. Jesús después «se apareció a Cefas (Pedro) y luego a los Doce, más tarde se apareció a más de quinientos hermanos a la vez» (1 Co 15, 5-6), y aún a otros. Los Apóstoles no pudieron inventar la Resurrección, puesto que les parecía imposible: en efecto, Jesús les echó en cara su incredulidad” (CATIC Compendio 127).
Cada año, San Juan nos cautiva con su relato de la Magdalena, cómo ella incrédula al principio, descubre al Resucitado. Cómo los Apóstoles, también creen, al ver el sepulcro vacío (Cf. Jn 20,1ss).
Además, “la Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente porque… transciende y sobrepasa la historia como misterio de la fe, en cuanto implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios. Por este motivo, Cristo resucitado no se manifestó al mundo, sino a sus discípulos, haciendo de ellos sus testigos ante el pueblo” (CATIC Compendio 128). “La Resurrección de Cristo no es un retorno a la vida terrena. Su cuerpo resucitado es el mismo que fue crucificado, y lleva las huellas de su pasión, pero ahora participa ya de la vida divina, con las propiedades de un cuerpo glorioso. Por esta razón Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer a sus discípulos donde quiere y bajo diversas apariencias” (CATIC Compendio 129).

2.                    La Resurrección de Cristo es obra de la Santísima Trinidad:
Si bien, es el Hijo encarnado el que resucita, “las tres Personas divinas actúan conjuntamente, según lo que es propio de cada una: el Padre manifiesta su poder, el Hijo «recobra la vida, porque la ha dado libremente» (Jn 10, 17), reuniendo su alma y su cuerpo, que el Espíritu Santo vivifica y glorifica” (CATIC Compendio 130). Así, como obra de Dios Uno y Trino, “la Resurrección de Cristo es la culminación de la Encarnación. Es una prueba de la divinidad de Cristo, confirma cuanto hizo y enseñó y realiza todas las promesas divinas en nuestro favor” (CATIC Compendio 131).

3.                    La resurrección de Cristo es nuestra salvación:
Finalmente, esta realidad misteriosa y trascendente que celebramos, algo nos deja en nuestra vida cotidiana: “el Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, es el principio de nuestra justificación y de nuestra resurrección: ya desde ahora nos procura la gracia de la adopción filial, que es real participación de su vida de Hijo unigénito; más tarde, al final de los tiempos, Él resucitará nuestro cuerpo” (CATIC Compendio 131).
Por esto, también nos viene una exigencia: “Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios” (Col 3,1). Poner todos los medios para permanecer y crecer en gracia de Dios será la mejor forma de vivir la Pascua.

Conclusión:
De este modo, al celebrar la Pascua del Señor, le pedimos a nuestra Madre, nos ayude con su intercesión, para que podamos vivir en nosotros la Vida nueva del Señor resucitado.