Homilía Domingo II de Cuaresma Ciclo C


Creo en Dios, uno y trino

Introducción:
Nuestra arma primera, para vencer en el camino de nuestra vida cristiana es la fe. Esta fe que, como en el caso de Abraham, nos sirve para nuestra justificación (Cf. Gn 15,6), se centra en el único Dios en Tres Personas.

  1. Dios único:
A lo largo de la Sagrada Escritura, podemos apreciar la presencia de un único Dios y Señor de todo: Dios y no un dios, sino el único Dios es el que llama a Abraham y hace una alianza con él que se renovará a lo largo de la historia de salvación.
A este único Dios, el salmista llama “mi luz y mi salvación”, “baluarte de mi vida”. Se dirige personalmente a Él: “Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme”. Sabe que Él lo invita a acercarse: “Busquen mi rostro”, a lo cual responde con un acto de fe: “Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes”.

  1. Dios trino:
Jesús mismo confirma que Dios es "el único Señor"” (CATIC 202). Sin embargo, también “deja al mismo tiempo entender que Él mismo es "el Señor" (cf. Mc 12,35-37). Confesar que "Jesús es Señor" es lo propio de la fe cristiana. Esto no es contrario a la fe en el Dios Único. Creer en el Espíritu Santo, "que es Señor y dador de vida", no introduce ninguna división en el Dios único” (CATIC 202).
Este misterio del Dios único y trino, lo vemos de un modo muy especial durante la Transfiguración: Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante… Una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo»” (Lc 9,28-29.34b-35). Jesús es el Hijo, la nube representa al Espíritu Santo y la Voz al Padre.



  1. Nuestra fe en Él:
Creer en la existencia del único Dios verdadero es lo fundamental: “Todo el Símbolo habla de Dios, y si habla también del hombre y del mundo, lo hace por relación a Dios. Todos los artículos del Credo dependen del primero, así como los mandamientos son explicitaciones del primero. Los demás artículos nos hacen conocer mejor a Dios tal como se reveló progresivamente a los hombres. "Los fieles hacen primero profesión de creer en Dios" (Catech.R. 1,2,2)” (CATIC 199). "La fe cristiana confiesa que hay un solo Dios, por naturaleza, por substancia y por esencia" (Catech.R., 1,2,2).
La misma Palabra divina nos lo asegura y recuerda: "Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza" (Dt 6,4-5).
Pero esta verdad es importante, no sólo para profesarla, sino también para vivirla, de tal modo que en nuestra vida, en las decisiones y prioridades no haya otra realidad antes que Dios. Como dice el Apóstol: “su dios es el vientre” (Flp 3,19). Todo lo que ocupa en nuestro corazón el lugar de Dios es un ídolo para nosotros: poder, placer, dinero…
El profeta Elías fue uno de los grandes defensores de la unicidad de Dios. Su lema era “Vive Yahveh, Dios de Israel, a quien sirvo” (1 R 17,1) y le fue fiel toda la vida.

Conclusión:
Pidamos crecer siempre en esa fe que puede “iluminar toda la existencia del hombre” (Papa Francisco, Lumen Fidei 4), llenándonos de Dios.