Plantado por el Señor
Introducción:
En la ciudad de Junín de los Andes, en el colegio de María
Auxiliadora, todavía existe el rosal que plantó la Beata Laura Vicuña. La gente
lo suele ir a ver… ¿Qué tiene de especial? Si es un rosal como los demás… Tiene
de especial la mano que lo plantó.
Nuestro corazón también es un lugar de siembra. Puede
recibir diversas semillas, buenas o malas. También puede dejar crecer el árbol
bueno que Dios quiere plantar.
- El corazón:
Jesús, en el Evangelio, dice que de la abundancia del
corazón habla la boca (Cf. Lc 6,39-45), es decir, que de lo que tenemos en el
interior, brotan nuestras acciones… Es lógico. El hombre debe ser coherente.
Es bueno recordar que, en la Sagrada Escritura, corazón significa mucho más que lo que
entendemos nosotros. En la Biblia, corazón abarca no sólo los sentimientos,
sino además, la inteligencia y la voluntad. El corazón conoce, quiere, ama, anhela,
desea…
Por eso, del corazón surge todo lo bueno y todo lo malo que
hacemos.
- Árboles y frutos:
Nuestro Señor nos enseña así la conexión entre nuestro
interior y las obras externas.
El corazón de un cristiano de verdad tiene determinadas
características. En primer lugar, para poder asemejarnos al Santísimo Corazón
de Jesús, necesitamos estar en gracia
de Dios, en amistad con Él, viviendo de su amor…
Cuando un corazón está en gracia tiene todas las virtudes y
los dones del Espíritu Santo. Por tanto, intenta, con mayor o menor éxito, con
progresos y, a veces, caídas, sembrar su
vida de obras buenas.
Las virtudes y los dones van generando un modo habitual de obrar. No se refieren
a una acción aislada, sino a una forma de ser, en sintonía con el plan de Dios. El corazón cristiano
es justo, templado, fuerte, paciente; ama, cree y espera en Dios…
De ese corazón, obviamente, brotarán frutos buenos. Sin duda que nunca estaremos exentos del pecado y
siempre será necesario convertirse, confesarse y luchar; sin embargo, la gracia
de Dios, si somos dóciles, va plantando en nuestro interior, el árbol de
la Vida.
- Los 12 frutos del Espíritu Santo:
Este árbol de vida nueva, de la Vida de la Gracia, tiene sus
frutos. Tiene sus efectos. Éstos, conocidos como frutos del Espíritu Santo,
son actos virtuosos que, con el tiempo, gracias a la acción de Dios, se hacen
con mayor agrado, gusto y felicidad.
Al principio, ser virtuoso, cuesta mucho esfuerzo; con el tiempo, los actos
buenos se nos hacen más fáciles, convenientes y agradables.
“Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma
en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición
de la Iglesia enumera doce: “caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad,
bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (Ga
5,22-23, vulg.)” (CATIC 1832).
Estos frutos reflejan las características del corazón
cristiano. Reflejan que nuestro corazón crece tanto en el amor a Dios (caridad, gozo, paz) como en el amor al prójimo (bondad, benignidad, mansedumbre). También se
genera un orden interior (paciencia,
modestia, continencia, castidad) y nos impulsa a obras exteriores importantes (longanimidad, fidelidad).
Conclusión:
Pedimos a la Virgen, fiel Esposa del Espíritu Santo, la
gracia de dejarnos guiar por Él, dejarnos sembrar por su Palabra de Vida
Eterna.