El Buen Pastor y los sacerdotes
Introducción:
La misión de Jesús, tan grande y tan importante para la
salvación de la humanidad, no tiene fin. Si bien, el Señor ha subido a la
derecha del Padre, en la tierra dejó su Iglesia para que continuara su obra.
Hoy celebramos a Cristo, Buen Pastor. Pedimos, a su vez, por
aquellos que se esfuerzan por ser fieles ministros suyos en el orden
sacerdotal.
- Cristo Pastor:
De las Lecturas de la misa de este domingo, podemos tomar,
al menos, estos dos pasajes que nos descubren el aspecto pastoril de la misión del Señor. Jesús mismo afirmó: “Mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y
ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna” (Jn 10,27-28a). En esta breve
frase podemos descubrir que Jesús, como nuestro Buen Pastor, nos conoce, nos
conduce y nos ama hasta darnos la Vida.
En el Apocalipsis, San Juan ve que “el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los
conducirá hacia los manantiales de agua viva” (Apoc 7,17). Jesús, Cordero de Dios es, a su vez, el Pastor que nos
conduce al Cielo, manantial de agua viva. Éste es el cometido del Pastor
divino: nuestra salvación eterna.
- Continuación de su obra:
Para esto, para conducir al Cielo por las sendas de la
santidad, Jesús ha deja en su iglesia el poder de la ordenación sacerdotal: “El
sacramento del Orden otorga una efusión especial del Espíritu Santo, que
configura con Cristo al ordenado en su triple función de Sacerdote, Profeta y
Rey” y “un carácter espiritual indeleble” (CATIC Compendio 335) que lo capacita
para dicha función.
“Fue Cristo quien eligió a los apóstoles y les hizo
partícipes de su misión y su autoridad. Elevado a la derecha del Padre, no
abandona a su rebaño, sino que lo guarda por medio de los apóstoles bajo su
constante protección y lo dirige también mediante estos mismos pastores que
continúan hoy su obra (cf MR, Prefacio de Apóstoles). Por tanto, es Cristo “quien
da” a unos el ser apóstoles, a otros pastores (cf. Ef 4,11). Sigue actuando por
medio de los obispos (cf LG 21)” (CATIC 1575). Por eso, “los sacerdotes
ordenados, en el ejercicio del ministerio sagrado, no hablan ni actúan por su
propia autoridad, ni tampoco por mandato o delegación de la comunidad, sino en
la Persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia. Por tanto, el sacerdocio
ministerial se diferencia esencialmente, y no sólo en grado, del sacerdocio
común de los fieles, al servicio del cual lo instituyó Cristo” (CATIC Compendio
336).
- Los sacerdotes:
Debido a esto, el Santo Cura de Ars no ahorraba palabras: “El
sacerdote continua la obra de redención en la tierra.” “Si se comprendiese bien
al sacerdote en la tierra se moriría no de pavor sino de amor.” “El sacerdocio
es el amor del corazón de Jesús” (Cf. CATIC 1589).
Es necesario pedir incansablemente que Dios envíe muchos y
santos sacerdotes. También es necesario rezar para que los sacerdotes estén
siempre, como dice el Evangelio, unidos estrechamente a Cristo y enviados a
cumplir su misión (Cf. Mc 3,14).
Todos necesitamos del sacerdote, porque necesitamos de Cristo.
Incluso el Papa, el Obispo, el sacerdote necesitan de otro sacerdote.
Conclusión:
Recemos generosamente por las vocaciones sacerdotales pero
también por los que ya son sacerdotes, para que sean fieles toda su vida.
Especialmente recemos por nuestros sacerdotes más cercanos, los que nos han
bautizado, confesado, alimentado con la Palabra de Dios y con el Cuerpo de
Cristo…