Miradas Divinas
Introducción:
Nuestros ojos son muy importantes. Nuestras miradas también.
Con ellas aprendemos, estudiamos, conocemos, descubrimos… Las miradas de Dios también son importantes.
- Lo que mira Jesús:
Dice el Evangelio que un hombre quería ver a Jesús, por lo
cual se subió a un árbol esperando a que pasara. Pero al llegar, resultó que
fue Cristo quien también quiso verlo y por eso, “miró hacia arriba” (Lc 19,5). Jesús miró dónde estaba Zaqueo, miró su
esfuerzo, lo miró con amor.
Así nos mira Dios, mira lo que estamos viviendo, conoce
nuestras dificultades, reconoce nuestros esfuerzos, desvelos, intentos. El
Señor ve nuestras buenas obras con amor. Él mismo es autor e inspirador del bien que hay en el mundo. Él es quien quiere
bendecirnos a cada instante.
- Lo que no quiere mirar Dios:
Por esto mismo, aunque Dios
conoce perfectamente el mal que hay en la tierra, “aparta los ojos de los
pecados de los hombres para que ellos se conviertan” (Sab 11,23). Él ama al
hombre pero detesta el pecado. Desea que no pequemos y que, si pecamos, nos
arrepintamos. Dios quiere ver en nuestra vida un corazón convertido.
- “Quiero ver a Dios”:
Finalmente, somos nosotros los que necesitamos una buena
mirada. En el corazón de cada hombre está escondido el deseo de ver a Dios.
Zaqueo “quería ver quién era Jesús… Se adelantó y subió”. Su deseo no fue
inútil, por el contrario, muy fecundo, laborioso y fecundo.
Otros, por el contrario, con los ojos enceguecidos, “al ver esto… murmuraban” (Cf. Lc 19,7). Veían pero
no penetraban en el misterio de la conversión, es decir, de la misericordia de
Dios. Y sus obras no eran buenas, porque “murmuraban.”
Santa Teresita nos enseña que “la oración es un impulso del corazón, una simple mirada
dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del
sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra es algo grande, algo
sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús.”
Conclusión:
Que el Señor nos dé un corazón
puro para que podamos ver a Dios
(Cf. Mt 5,8).