Homilía Domingo VI Tiempo Ordinario Ciclo A


Una vida firme


Introducción:
Jesús, con la parábola de “La Casa Sobre Roca” nos enseña cuál es la forma de tener una vida sólida, bien fundada y firme: escuchar y obedecer sus palabras que, por esto, San Pedro las califica como de vida eterna (Cf. Jn 6,68). Sabiendo esto, las lecturas de la misa dominical nos muestran algunas importantes virtudes que encierra esta noble actitud de dejarse conducir por Dios.

  1. Cumplir la Ley es prudencia:
En primer lugar, escuchar y obedecer la voz divina es un acto de suma prudencia. Porque en general, las divinas palabras siempre nos mueven a elegir lo mejor para nosotros, a no conformarnos con la “justicia de los fariseos”, a elegir los mejores caminos para llegar a nuestro puerto.
También nos muestra que no debemos quedarnos sólo con lo exterior, ya que existen los pecados internos, del corazón, a los cuales también debemos vencer con el amor misericordioso de Dios.
Además, no basta fomentar el bien, hay que combatir el mal, por lo cual, el Señor nos habla de arrancar el ojo y el brazo. “Por «ojo derecho» y «mano derecha» (vv. 29-30) se entiende lo que nos es más estimado” (Biblia de Navarra, notas al Texto). Y en este caso se refiere, claro está, a aquello que estimamos pero que nos aleja de Dios.
De este modo, al escuchar sinceramente la Palabra de Dios aprendemos la prudencia, al elegir lo mejor, al considerar la pureza del propio corazón y al evitar todo lo malo.

  1. Cumplir la Ley es libertad:
También, aunque no parezca a primera vista, cumplir la Ley de Dios nos hace libres. De hecho, la Escritura dice: “Si quieres…” (Eclo 15,15). “Él puso ante ti el fuego y el agua: hacia lo que quieras, extenderás tu mano. Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera” (Eclo 15,16-17).
Dios nos ha hecho libres, lo que significa que ha puesto en nosotros “una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad” (CATIC 1731). Y la Palabra divina es verdadera y buena por excelencia. Por esto, “la libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza” (CATIC 1731).
De ahí que al escuchar y secundar lo que Dios nos enseña somos más libres: “En la medida en que el hombre hace más el bien, se va haciendo también más libre…La elección de la desobediencia y del mal es un abuso de la libertad y conduce a “la esclavitud del pecado” (cf Rom 6,17)” (CATIC 1733).

  1. Cumplir la Ley nos hace pensar como Dios:
Otra gran fuerza que nos viene de la Palabra es el inmenso regalo de transformar nuestro modo de pensar. Sabemos que los pensamientos de Dios distan años luz de los nuestros, sin embargo, cuando nos esforzamos en ser verdaderos discípulos de sus palabras, nos ilumina el corazón: “Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que Él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo” (1Cor 2,7).
Siempre, pero de un modo especial hoy en día, necesitamos dejarnos iluminar por Dios, incluso en muchos asuntos que, aunque son de orden natural, la sociedad actual no sólo los pone en duda, sino que se esfuerza en negarlos y combatirlos. Por esto, nos es muy preciso tener algo sólido en qué apoyarnos y para eso, nada mejor que la Palabra de Dios, que no engaña, que no pasa, que no se equivoca.

Conclusión:
Nos encomendamos a la Inmaculada Virgen María pidiéndole nos conceda ser buenos y responsables constructores de nuestra propia casa sobre la firmeza del Señor, para poder también contribuir a evangelizar nuestra familia y sociedad.