Homilía Domingo IV de Pascua, Ciclo A


El Buen Pastor que siempre nos bendice


Introducción:
¡Sus ovejas conocen su voz!
Este domingo celebramos a nuestro Buen Pastor. También reflexionamos en nosotros como ovejas suyas. Si tenemos un corazón dócil de oveja, Dios siempre será nuestro Buen Pastor, sean cuales sean las circunstancias.

  1. El Buen Pastor:
Rezando el salmo 22, el creyente aprende lo que significa dejarnos guiar por Dios. Esta hermosa oración nos enseña cómo Dios nos pastorea y cómo quiere que nosotros seamos sus ovejas.
Dios no nos hace faltar nada de lo necesario, nos conduce y protege, nos corrige, conforta y alimenta… Nosotros debemos confiar en Él, ser dóciles a su cayado de pastor.
También aprendemos que, aunque Él nos guíe no podremos evitar todas las “oscuras quebradas.” Aunque no las queremos, debemos pasar por ellas, porque el Pastor nos acompaña. Él es realmente el Buen Pastor que siempre nos bendice.

  1. Una palabra importante:
Bendecir es una acción divina que da la vida y cuya fuente es el Padre. Su bendición es a la vez palabra y don” (CATIC 1078), de tal modo que cuando Dios bien dice, Dios bien hace.
Bendecirnos es así, uno de los aspectos del pastoreo divino. “Desde el comienzo y hasta la consumación de los tiempos, toda la obra de Dios es bendición” (1079), sobre todo “en su Verbo, encarnado, muerto y resucitado por nosotros, nos colma de sus bendiciones y por Él derrama en nuestros corazones el Don que contiene todos los dones: el Espíritu Santo” (CATIC 1082).

  1. Recibir y dar:
La bendición de Dios es un don, pero, de algún modo, también una tarea. Cada uno de nosotros estamos llamados a ser bendición para los demás, ser un don para los demás procurando su bien verdadero…
San Pedro en la primera lectura (Hch 2,37-38) menciona el bautismo como primer forma de recibir la bendición de Dios, el primer gran regalo espiritual que es ser hijos suyos. En la segunda lectura (1Pd 2,20b) habla de hacer el bien, incluso en medio del sufrimiento. Recibir el amor de Dios y transmitirlo a los demás son dos aspectos de la vida cristiano que no se pueden separar.

Conclusión:
Le pedimos a la Virgen nos conduzca al Sagrado Corazón de Nuestro Buen Pastor Resucitado.