Homilía Domingo XIII Tiempo Ordinario Ciclo A


Admirable Intercambio


Introducción:
¿Qué significa en la misa, el vino mezclado con unas gotitas de agua? La unión de ambos elementos simboliza el admirable intercambio que hace posible nuestra eterna salvación. Mientras se mezclan las gotitas de agua con el vino, el sacerdote reza silenciosamente: “Por el misterio de esta agua y este vino haz que compartamos la Divinidad de Quien se dignó participar de nuestra humanidad.”

  1. Desde el principio:
Este gran intercambio es lo que se realiza en el santo bautismo, según nos enseña San Pablo (Cf. Rm 6,3-4.8-11). Al ser bautizados en Cristo, el Hijo de Dios vivo, nosotros sepultamos en su muerte nuestro pecado y recibimos la vida de hijos de Dios.
Esta realidad, tan profunda como desconocida, es el centro de nuestra redención. Somos verdaderos cristianos en la medida en que le damos a Dios todo lo nuestro para que lo transforme y recibimos de Él sus dones sagrados.

  1. Una vida exigente:  
En el Evangelio, Nuestro Señor no esconde lo difícil que es seguirlo verdaderamente. Él, que había resumido la ley en el amor a Dios y al prójimo, ahora describe este amor a Dios diciendo que debe estar por encima de todo otro cualquier amor legítimo, que debe estar en las buenas y en las malas y que debe demostrarse en la entrega (Cf. Mt 10,37-42).
Este “camino difícil” sólo es posible gracias a ese continuo intercambio entre Dios y se creatura fiel, que, aunque débil se esfuerza en entregarle todo a Dios y a disponerse a recibir su gracia, su bondad y misericordia que transforman nuestra existencia, como sucedió en la vida de los Santos.

  1. El valor de la santa misa:
“¿Dónde, nos preguntamos con el Papa Benedicto XVI, se hace presente de modo real este maravilloso intercambio, para que se haga presente en nuestra vida y la convierta en una existencia de auténticos hijos de Dios? Se hace muy concreto en la Eucaristía. Cuando participamos en la santa misa presentamos a Dios lo que es nuestro: el pan y el vino, fruto de la tierra, para que Él los acepte y los transforme donándonos a Sí mismo y haciéndose nuestro alimento, a fin de que recibiendo su Cuerpo y su Sangre participemos en su vida divina” (Benedicto XVI, 04/01/12). De cada misa, el buen cristiano sale distinto. Y es importante que nos hagamos esa pregunta: “¿Qué le he entregado a Dios hoy? ¿Qué me ha dado? ¿Cómo lo he recibido?”
San León Magno decía: «Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios» (Sermón 1 sobre la Navidad, 3,2).

Conclusión:
Le pedios a nuestra Santísima Madre del Cielo interceda por nosotros para que podamos establecer ese vínculo de estrecha caridad y amistad con Dios, fuente de toda Santidad.