Misterio de nuestra Fe
Introducción:
Después de la multiplicación de los panes y de irse a la
otra orilla del lago, a la ciudad de Cafarnaúm, el Evangelio nos narra un
suceso del cual podemos sacar varias enseñanzas.
- Buscamos a Jesús:
Nosotros, como
aquella multitud del Evangelio (Cf. Jn 6,24), también buscamos a Jesús, a eso venimos a la Iglesia, a buscarlo,
porque Él es nuestro Salvador.
Sin embargo, siguiendo el Texto del Evangelio, podríamos
preguntarnos: ¿por qué buscamos al Señor? En palabras de Cristo, esa multitud
lo buscaba por la comida, ya que Él hacía poco les había multiplicado el pan.
Nosotros, ¿por qué buscamos a Jesús?
¿Por los bienes materiales? ¿Para que nos quite todos los problemas? ¿Para que
haga lo que nosotros queremos? ¿O porque sabemos que Él nos ama y que su
voluntad es camino de felicidad?
- Jesús, escondido en la Eucaristía:
Pero si buscamos a Jesús, y lo buscamos bien, debemos
preguntarnos dónde lo podemos encontrar
siempre: “La Iglesia sabe que, ya
ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que está ahí en medio de nosotros. Sin
embargo, esta presencia está velada” (CATIC 1404).
El Señor está para
los que lo busquemos en la fe; el Señor
está escondido en el Santísimo
Sacramento; de hecho por esto dijo antes de subir al Cielo: “Yo estaré
siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Y está siempre, la
cuestión importante es darnos cuenta de
esa presencia y vivir en consecuencia.
Y así, al saber que Él está realmente presente en el Pan
consagrado y que nos espera y que quiere acompañarnos en nuestra vida, nosotros
también le decimos con los del Evangelio: “Señor,
danos siempre de ese pan” (Jn 6,34).
- Fe y obras:
Y se lo decimos desde lo profundo de nuestro corazón lleno
de fe, porque Jesús ha dicho: “La obra
de Dios es que ustedes crean en Aquel que Él ha enviado” (Jn 6,29). Así, el
venir a cada Misa, el prepararnos con devoción para cada Comunión, el ocupar algunos
momentos en la adoración eucarística es un acto de fe, es manifestar con nuestras obras que estamos convencidos de que Jesús está
allí, en la Eucaristía: “este es el
misterio de nuestra fe” dice el sacerdote después de la Consagración. Por
esto, venir a Misa o no, no es una
cuestión secundaria, hace a nuestra realidad de verdaderos cristianos.
Los Santos, con su ejemplo nos enseñan a vivir de esta fe. En
dos ocasiones, San Clara evitó que
los sarracenos atacaran el convento y la ciudad de Asís gracias al Santísimo
Sacramento: con fervorosa oración y con custodia en mano los echaron a todos
sin ningún daño en el año 1241 (Cf. www.corazones.org).
Pero más allá de estos hechos extraordinarios, los Santos en general, encontraban en la Eucaristía todo lo que
necesitaban, por esto dice el Concilio: “en la Sagrada Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la
Iglesia, es decir, Cristo en persona” (PO 5).
Así, Jesús en la Eucaristía nos posibilita renovarnos
en lo más íntimo de nuestro espíritu y revestirnos del hombre nuevo, creado a
imagen de Dios en la
justicia y en la verdadera santidad (Cf. Ef 4,24) en palabras de San Pablo.
Conclusión:
Pidámosle entonces, con la fe de María santísima, la de San
Pablo, y la de toda la Iglesia a nuestro Padre Dios: “danos siempre de ese Pan”.