Homilía Domingo XVIII Tiempo Ordinario Ciclo B



  Misterio de nuestra Fe


Introducción:
Después de la multiplicación de los panes y de irse a la otra orilla del lago, a la ciudad de Cafarnaúm, el Evangelio nos narra un suceso del cual podemos sacar varias enseñanzas.

  1. Buscamos a Jesús:
Nosotros, como aquella multitud del Evangelio (Cf. Jn 6,24), también buscamos a Jesús, a eso venimos a la Iglesia, a buscarlo, porque Él es nuestro Salvador.
Sin embargo, siguiendo el Texto del Evangelio, podríamos preguntarnos: ¿por qué buscamos al Señor? En palabras de Cristo, esa multitud lo buscaba por la comida, ya que Él hacía poco les había multiplicado el pan. Nosotros, ¿por qué buscamos a Jesús? ¿Por los bienes materiales? ¿Para que nos quite todos los problemas? ¿Para que haga lo que nosotros queremos? ¿O porque sabemos que Él nos ama y que su voluntad es camino de felicidad?

  1. Jesús, escondido en la Eucaristía:
Pero si buscamos a Jesús, y lo buscamos bien, debemos preguntarnos dónde lo podemos encontrar siempre: “La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que está ahí en medio de nosotros. Sin embargo, esta presencia está velada” (CATIC 1404).
El Señor está para los que lo busquemos en la fe; el Señor está escondido en el Santísimo Sacramento; de hecho por esto dijo antes de subir al Cielo: “Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Y está siempre, la cuestión importante es darnos cuenta de esa presencia y vivir en consecuencia.
Y así, al saber que Él está realmente presente en el Pan consagrado y que nos espera y que quiere acompañarnos en nuestra vida, nosotros también le decimos con los del Evangelio: “Señor, danos siempre de ese pan” (Jn 6,34).

  1. Fe y obras:
Y se lo decimos desde lo profundo de nuestro corazón lleno de fe, porque Jesús ha dicho: “La obra de Dios es que ustedes crean en Aquel que Él ha enviado” (Jn 6,29). Así, el venir a cada Misa, el prepararnos con devoción para cada Comunión, el ocupar algunos momentos en la adoración eucarística es un acto de fe, es manifestar con nuestras obras que estamos convencidos de que Jesús está allí, en la Eucaristía: “este es el misterio de nuestra fe” dice el sacerdote después de la Consagración. Por esto, venir a Misa o no, no es una cuestión secundaria, hace a nuestra realidad de verdaderos cristianos.
Los Santos, con su ejemplo nos enseñan a vivir de esta fe. En dos ocasiones, San Clara evitó que los sarracenos atacaran el convento y la ciudad de Asís gracias al Santísimo Sacramento: con fervorosa oración y con custodia en mano los echaron a todos sin ningún daño en el año 1241 (Cf. www.corazones.org). Pero más allá de estos hechos extraordinarios, los Santos en general, encontraban en la Eucaristía todo lo que necesitaban, por esto dice el Concilio: “en la Sagrada Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona” (PO 5).
Así, Jesús en la Eucaristía nos posibilita renovarnos en lo más íntimo de nuestro espíritu y revestirnos del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad (Cf. Ef 4,24) en palabras de San Pablo.

Conclusión:
Pidámosle entonces, con la fe de María santísima, la de San Pablo, y la de toda la Iglesia a nuestro Padre Dios: “danos siempre de ese Pan”.