Homilía Domingo XXIX del Tiempo Ordinario Ciclo A



 Cumplir toda justicia


Introducción:
Jesús se hizo bautizar para cumplir toda justicia (Cf. Mt 3,15-16), es decir, todo lo que el Padre había dispuesto, ya que “la justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a los demás lo que les es debido. La justicia para con Dios se llama «virtud de la religión»” (CATIC Compendio 381).

  1. Al César y a Dios:
El Evangelio de este domingo nos narra un episodio dramático. Quieren poner una trampa al Señor para condenarlo. Sin embargo, con su respuesta, Jesús, no sólo se libra del engaño sino que, además, nos deja una gran enseñanza espiritual: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” (Mt 22,21).
Con esta frase nos instruye sobre la muy importante virtud de la justicia. Con no muy buena prensa, la justicia sigue siendo fundamento de la sociedad. Sin esta virtud no puede haber orden, ni paz, ni seguridad, ni otras virtudes… La justicia consiste en dar a cada uno lo que le corresponde: al bueno premio, al malo castigo, a la autoridad legítima obediencia, a Dios adoración.
Es importante no olvidar el amplio espectro de esta virtud, para no ser “injustos” con nadie, ni con el César, ni menos con Dios.

  1. Sociedad justa:
Respecto al “César”, es decir, a la autoridad civil y, junto con ella a toda la sociedad, la Iglesia nos enseña que “toda sociedad humana tiene necesidad de una autoridad legítima, que asegure el orden y contribuya a la realización del bien común. Esta autoridad tiene su propio fundamento en la naturaleza humana, porque corresponde al orden establecido por Dios” (CATIC Compendio 405).
“Por bien común se entiende el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible, a los grupos y a cada uno de sus miembros, el logro de la propia perfección” (CATIC Compendio 407).
“El bien común supone: el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de la persona, el desarrollo de los bienes espirituales y temporales de la persona y la sociedad, y la paz y la seguridad de todos” (CATIC Compendio 408).
Entendido esto, “todo hombre, según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, participa en la realización del bien común, respetando las leyes justas y haciéndose cargo de los sectores en los que tiene responsabilidad personal, como son el cuidado de la propia familia y el compromiso en el propio trabajo. Por otra parte, los ciudadanos deben tomar parte activa en la vida pública, en la medida en que les sea posible” (CATIC Compendio 410).

  1. Religión:
Además, debemos dar lo que corresponde a Dios. “La justicia para con Dios se llama «virtud de la religión».”
La religión nos inclina a darle a Dios le culto que merece. Por eso, para un buen cristiano, la misa dominical (domingo o sábado por la tarde) es intocable, innegociable… Primero Dios y lo que a Él le debemos. Además, es importante rezar frecuentemente, acercarnos a los sacramentos, tener momentos de adoración eucarística.
Relacionadas con la virtud de la religión, están las tres virtudes más grandes, llamadas teologales: fe, esperanza y caridad. El Apóstol San Pablo les reconoce a los Tesalonicenses las obras de fe, las fatigas de la caridad y la constancia de su esperanza (Cf. 1Tes 1,3).
El cristiano debe preguntarse a menudo si es un buen ciudadano. Más aún debe examinarse si le da a Dios lo que Él merece, si lo sirve con generosidad y alegría, si es fiel a su compromiso bautismal.

Conclusión:
Nos confiamos a la intercesión de la Virgen Inmaculada para que, con grandeza de alma sirvamos para el bien de nuestra patria y para la mayor gloria de Dios.