Apóstoles Católicos
Introducción:
Según del Código de Derecho Canónico, la ley suprema de la
Iglesia debe ser siempre la salvación de las almas. De hecho, como dice la
Sagrada Escritura, Dios quiere que todos los hombres se salven (1Tim 2,4). Ésta
es la gran misión de la Iglesia y de cada bautizado.
- El deseo de Dios:
Ya lo decía el Antiguo Testamento, por ejemplo el profeta
Isaías: “El Señor de los ejércitos ofrecerá
a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos”
(Is 25,6). El mismo Señor Jesús, en su parábola dice: “Salgan a los cruces de
los caminos e inviten a todos los que
encuentren” (Mt 22,9).
Dios es el Buen Pastor que siempre nos acompaña con su
bondad y misericordia, que no nos hace faltar nada de lo necesario para la
salvación, que está a nuestro lado tanto en los días soleados como durante las
negras tormentas…
Sin embargo, no siempre respetamos este deseo divino, no
siempre el hombre lo acoge y deja fructificar: Algunos se excusan, otros
maltratan a los que anuncian el llamado de Dios, otros, finalmente, aunque se
acercan, no se preparan convenientemente (Cf. Mt 22, 1-14).
- Iglesia Católica:
Este deseo de Dios se refleja en la realidad de la Iglesia.
Más aún, le ha dado su nombre: Católica, que significa “universal.”
Es Católica porque, como enseña el Catecismo, está enviada a
todos los pueblos, buscando la salvación del mayor número de almas posible.
También es Católica porque “anuncia la totalidad
y la integridad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación.” En definitiva, es
universal puesto que Cristo está presente en Ella, actúa y salva por medio de
Ella (Cf. CATIC Compendio 166).
Que esté enviada a todos no significa que le dé lo mismo una
cosa que otra, puesto que, siguiendo la parábola evangélica, todos están
llamados a un único banquete y tendrán que presentarse bien preparados y no de
cualquier modo.
Por ser Católica, la Iglesia busca la salvación de todos…
anunciando la totalidad de la fe y la
exigencia de la caridad, ofrece a todos los medios de salvación.
- La misión evangelizadora:
En esta misma línea, cada bautizado, según sus circunstancias,
comparte la misión de acercar a Dios a los demás, de hacer “algo” por la
salvación de sus hermanos. Así, el buen cristiano, no se conforma con su vida
cristiana. Reza y suplica para que Dios toque el corazón de los más alejados;
testimonia con su vida y sus obras el Evangelio de Jesucristo; une sus
sufrimientos a los del Señor, por la conversión y salvación de los pecadores…
De este modo, todos podemos (y debemos) participar en ese
gran deseo de Dios de intentar, todo lo que podamos, para que “todos los
hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,3-4).
Conclusión:
Le pedimos a la Virgen nos ayude a ser fieles a nuestro
bautismo, no sólo acercándonos nosotros a Dios cada vez más sino también
procurando que otros se acerquen a Él y se salven.