Homilía Domingo II del Tiempo Ordinario Ciclo B



Dios con nosotros


Introducción:
Muchas veces la vida nos parece muy difícil, sobre todo cuando experimentamos la soledad. Porque las pruebas, que ciertamente no faltan, llevadas con alguien nos parecen  más livianas. Pero cuando hay que llevarlas solo, cambia mucho la situación. Y esto Dios lo sabe. Por eso, nunca nos deja solos y menos en los momentos difíciles. La cuestión es saber darnos cuenta de su presencia salvadora.
1.      Dios nos llama:
Dios no está lejos de nuestra vida, al contrario, nos llama. “Samuel, Samuel”, le llamó el Señor. Tres veces, hasta que éste pudo darse cuenta de quién era el que lo llamaba.  Así también nos llama a nosotros en la oración, porque la oración, en primer lugar es un don de Dios. Por esto, tenemos que recordar que si rezamos es porque Dios ya nos está escuchando. Cuando una persona se pone a dialogar con Dios, es porque ese Dios Padre amoroso quería hablar con su hijo, para darle su amor y bendición.
Y este diálogo, si nosotros somos fieles, puede darse en todos los momentos de la vida, en los tristes y en los alegres. De hecho, Samuel estaba descansando, cuando fue llamado. Y recibió una noticia no muy grata: el castigo del sacerdote Elí. Pero como era bueno que lo supiera, por eso se lo dijo, para que a su vez, él se lo anunciara al mismo Elí (Cf. 1Sam 3,11-18).
Pero, tanto en las buenas como en las difíciles, Dios nos llama, está cerca de nosotros, es nuestro compañero de camino, quiere hablarnos al corazón para nuestro bien…
2.      Dios nos sale al encuentro:
También puede pasarnos que nosotros salgamos a la búsqueda de Dios. ¡Cuántas almas doloridas buscan a Dios por todos lados! Nos puede pasar como aquellos dos discípulos que al escuchar a San Juan Bautista fueron en busca del “Cordero de Dios”. Pero también en este caso, Dios en la Persona de Jesús, sale a nuestro encuentro y nos pregunta: ¿Qué buscas?
¿Qué buscamos? Muchas cosas, podemos buscar: la paz, la alegría, la fuerza, el ánimo, el consuelo, el perdón… tantas cosas. Pero sobre todo, buscamos a Dios, Dador de todas ellas. Y por eso, buscamos a Jesús, el Dios que vino a habitar entre nosotros, que se quedó en la Eucaristía, que nos dejó su Palabra, que fundó la Iglesia para continuar su obra…
3.      Nuestra respuesta:  
Así pues, tenemos la solución al alcance de la mano. Pero, hay que estirar la mano y agarrar la solución. Tenemos que responder a la iniciativa divina. No basta con quedarnos a escuchar al Bautista, es necesario salir tras los pasos de Jesús, encontrarlo y quedarnos con Él (Cf. Jn 1,39). Es necesario abrir la puerta de nuestro corazón de par en par a Jesús mediante la fe.
El camino del discípulo de Cristo es creer en Él y amarle cumpliendo sus mandamientos. Ésta es la respuesta que espera de nosotros. Y los mandamientos se cumplen con las virtudes: fe, esperanza y caridad, en primer lugar; pero también prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
Así, nuestra vida, es transformada por Dios. porque el amor divino tiene la fuerza de transformar a un grupo de pescadores en intrépidos predicadores y en pacientes mártires, puede hacer de nosotros alegres colaboradores de su misión en la tierra; en un mundo tan desenfrenado, puede darnos la virtud de la castidad, para glorificar, según san Pablo , a Dios con nuestro cuerpo (1Cor 6,20), etc.
Conclusión:
De este modo, Dios nos invita a abrirle nuestro corazón, a dejarnos transformar por so amor, que quiere darnos la alegría de poder vivir amando a Él y a los demás. Porque Dios sabe que nuestra dicha está en el amor. Y en este sentido, la oración es escuela de amor, porque recibiendo su amor es como podemos aprender a amar.