Homilía Domingo de Ramos Ciclo C

Domingo de Ramos

Introducción:
La Semana Santa, comienza con un relato muy conocido por nosotros: cuando Jesús, estando fuera, se aproxima a Jerusalén, la ciudad donde lo condenarán a muerte.

1.      Jesús se aproxima a Jerusalén:
Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén” (Lc 19,28). Pero, “la última meta de su subida es la cruz. Es la subida que la carta a los Hebreos describe como la subida hacia una tienda no fabricada por mano de hombre, hasta la presencia de Dios. La subida hasta la presencia de Dios pasa por la cruz. Es la subida hacia «el amor hasta el extremo» (cf. Jn 13, 1), que es el verdadero monte de Dios, el lugar definitivo del contacto entre Dios y el hombre” (Benedicto XVI, Homilía 16 de Marzo de 2008).
Este amor divino está en movimiento, se nos acerca, viene a nuestro encuentro para salvarnos. De Él es la iniciativa, a nosotros nos toca la respuesta. La Palabra viene a nosotros para que nosotros podamos aceptarla libremente.

2.      Lo reciben de distinta manera:
Sin embargo, tanto en aquel tiempo como hoy y siempre, la respuesta es diversa, pues no todos aceptan el don de Dios.
Por un lado, “la gente extendía sus mantos sobre el camino” (Lc 19,36). “Todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras” (Lc 19,48).
Por otro, “los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo” (Lc 19,47). Y el mismo Jesús, al ver el corazón de Jerusalén, llora por ella: “no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios” (Lc 19,44).
Y si diversa es la respuesta, diversa es la vida de los hombres, puesto que los que aceptan el don de Dios quedan llenos de una vida verdadera, que pierden los que la rechazan.

3.      La Fe es nuestra primera respuesta a Dios:
Por esto, conviene reflexionar cómo podemos aceptar y recibir el don que nuestro Padre nos quiere dar. En primer lugar, hemos de recordar que “toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido” (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2013 nº 2).
Así pues, con la fe, nuestro corazón queda abierto a la acción de Dios, a ese don que el Señor quiere darnos para cambiar nuestra existencia. Sólo viviendo estos misterios en la fe, somos transformados por ellos. De lo contrario, pasará una Semana Santa más en nuestra vida, sin dejar su huella en nuestra alma.

Conclusión:
Pidamos, en este comienzo de la Semana Santa, poder empezarla creyentemente, con una fe en aumento que no se escandalice con la cruz, sino por el contrario, que podamos descubrir en ella el amor que Dios nos tiene y que nos transforma.