Jueves Santo Ciclo C

Misa de la Cena del Señor


Introducción:
Un amor anticipado. La última Cena, podríamos decir, que es el amor de Jesús crucificado que se nos ha anticipado de modo simbólico en el lavatorio y de modo sacramental en la Eucaristía.
1.      El Don de Jesús:
Jesús, habiéndonos amado hasta el extremo (Cf. Jn 13,1), antes de su pasión realizó un gesto muy significativo: “se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura” (Jn 13,4-5). Este gesto patentiza lo que Él mismo había afirmado: que no había “venido a ser servido sino a servir” (Mt 20,28). Y este servicio consistió en cumplir “la voluntad del Padre hasta la muerte en la cruz” (Biblia de Navarra, nota a Jn 13,5), en entregarse por amor.
Jesús ofreció libremente su vida en sacrificio expiatorio, es decir, ha reparado nuestras culpas con la plena obediencia de su amor hasta la muerte. Este amor hasta el extremo (cf. Jn Jn 13,1) del Hijo de Dios reconcilia a la humanidad entera con el Padre. El sacrificio pascual de Cristo rescata, por tanto, a los hombres de modo único, perfecto y definitivo, y les abre a la comunión con Dios” (CATIC Compendio 122).
Con el lavatorio de los pies se repite el gesto con el que Él, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo (cf. Jn 13,1) y dejó a los discípulos, como su distintivo, este acto de humildad, el amor hasta la muerte” (Benedicto XVI, Audiencia del 04/04/07). Este mismo amor es el que hizo posible el milagro de la Eucaristía.
2.      San Pedro: Creer en la caridad suscita caridad:
Cuando se acercó a Simón Pedro, continúa el Evangelio, este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?».  Jesús le respondió: «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás». «No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!». Jesús le respondió: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte». «Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!»” (Jn 13,6-9).

Con este relato, la Palabra de Dios nos enseña que debemos dejarnos amar por Dios, ya que cuando nos damos cuenta de que Dios “nos ama, nos perdona, incluso nos sirve” (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2013 n° 1), se enciende en nuestro corazón un amor semejante.
“La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor” (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2013 n° 1). Y “puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un « mandamiento », sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro” (DCE 1). Por esto, “la fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros” (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2013 n° 1).
3.      La caridad reina de las virtudes:
Por este motivo, Jesús no olvida en decir: “ustedes también deben lavarse los pies unos a otros” (Jn 13,14). Él mismo quiere transformar nuestras vidas por la caridad. De hecho: “Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con San Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20)” (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2013 n° 2), ya no amo yo, es Cristo quien ama en mí.
Y este amor es tan totalizante que nos va transformando por entero: “el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor” (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2013 n° 1). Por eso, esta caridad que Dios nos regala con su Gracia se traduce en una vida de obras buenas: paciencia, justicia, poder elegir lo mejor en cada momento, puntualidad, corrección fraterna, ayuda disponible, desapego de los bienes… en fin, vencimiento del egoísmo en todas sus formas.
Conclusión:
De este modo, pedimos a la Virgen santísima que el lavatorio de los pies, el Sacramento de la caridad y el mandamiento nuevo del amor (todo esto relacionado con la cruz) se traduzca en nuestras vidas. Que podamos vivir este misterio que celebramos.