“Todo parte del amor y tiende al amor”
Introducción:
Es tan grande el amor de Dios, es tan infinita su
misericordia, que no podemos dejar de
esperar en Él, esperamos que, una y otra vez, transforme nuestras vidas en el amor, para poder nosotros vivir, de
ahora en adelante, como resucitados.
- Dios nos da una vida nueva:
Dios es principio y fin de todas las cosas. Por eso, al
marcar el Cirio Pascua, se trazan dos letras griegas, Alfa y Omega, la primera
y la última, simbolizando que Dios es principio y fin de la vida nueva.
Como “toda la iniciativa
salvífica viene de Dios, de su gracia”
al hombre le toca acogerla “en la fe”.
“Esta iniciativa, lejos de limitar
nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y
las orienta hacia las obras de la caridad. Éstas no son principalmente
fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan
de la gracia que Dios concede abundantemente” (Benedicto XVI, Mensaje para la
Cuaresma 2013 n° 3). Dios nos da su amor
y nos da la capacidad de amar como Él.
- Signos de esta vida:
Esta Vigilia, con sus signos nos llena de esperanza,
porque siempre podemos ser transformados por Dios con la vida nueva de su Hijo Jesucristo, que nos amó hasta el extremo. Estos signos son:
- Fuego y luz: nos alumbra por la fe y nos enciende en la esperanza y por la caridad.
- Palabra: nos acompaña, nos enseña, alienta, corrige…
- Agua: nos da su fecundidad.
- Cuerpo: está cerca de nosotros y quiere entrar en nosotros, en nuestra vida.
- Recibir y dar esta vida:
El Evangelio, nos dice que las mujeres, al escuchar la
noticia de la resurrección, “regresando
del sepulcro, anunciaron todas estas
cosas a los Once y a todos los demás” (Lc 24,9).
Y esto tiene que ver con que recibir y dar esta amorosa vida de Dios van juntos: “Cuando dejamos
espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a Él, partícipes de su misma
caridad. Abrirnos a su amor significa
dejar que Él viva en nosotros y nos lleve a amar con Él, en Él y como Él;
sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga
5,6) y Él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12)” (Benedicto XVI, Mensaje para
la Cuaresma 2013 n° 2).
Conclusión:
Que la Pascua sea un tiempo de caridad renovada. Que podamos crecer en una fe caritativamente activa.