La humildad
Introducción:
La Palabra de Dios, en muchas ocasiones nos enseña el gran
desafío de seguir al Señor Jesús de cerca. Para ello hay que practicar las
virtudes. Las lecturas de hoy nos hablan de una muy especial: la humildad.
- ¿Una virtud importante?:
En el Antiguo Testamento, el Libro del Eclesiástico nos
dice: “Cuanto más grande seas, más humilde debes ser, y así obtendrás el favor
del Señor” (Eclo 3,18). Es otra versión de las Palabras de Jesús: “El
que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Lc
14,11).
¿Grandeza y favor del Señor se relacionan con la humildad?
Sí, ya que Dios que es infinito en su misericordia, quiere llenar de bienes a
los pequeños, es decir a los humildes, porque éstos reconocen su pequeñez mientras que los soberbios la esconden.
El humilde “recibe luces para entender su pequeñez y su
miseria, principalmente con relación a Dios. Por eso para santa Teresa "la
humildad es andar en verdad; que lo es muy grande no tener cosa buena de
nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende anda en
mentira"” (Jesús Martí Ballester). El humilde
se da cuenta de que “la gloria de todo lo bueno que tiene el hombre, pertenece
a Dios.” (Jesús Martí Ballester).
“El edificio de la vida espiritual, todo ha de ir fundado en
humildad. Por eso mientras más cercanos a Dios por la oración, más perfecta ha
de ser esta virtud, y si no, va todo perdido. Todo el cimiento de la oración va
fundado en humildad, y mientras más se abaja un alma y se empequeñece en la
oración, más la ensalza Dios” (Santa Teresa, «Moradas Séptimas», 4, 9.).
- Para ser humilde:
Ante todo, hay que recordar que, la virtud no es imposible. También es importante
saber que “aparecer ante los demás como humildes es relativamente fácil. Serlo
de veras, matar el amor propio, enterrarlo bien enterrado muchos metros bajo la
tierra, sobrepuja las humanas posibilidades” (Jesús Martí
Ballester). Por eso habrá que pedirle a Dios esta virtud con insistencia
y hacer todo lo posible por crecer en ella.
Algunos consejos[1]:
- Para ser humilde es necesario, mirarme a mí mismo, de cara a Dios y no
de cara a los hombres.
- Aceptar que soy pequeño ante la grandeza de Dios. Reconocer que yo
valgo no por mí mismo, sino porque soy
hijo de Dios, porque vengo de Él.
- Pensar que cualquier cualidad que tenga, todas se las debo solamente a Dios.
Si realmente abrazo en mi corazón esta idea, no puede caber en mi alma, el
orgullo, la soberbia, el amor propio.
- Pensar también que los defectos que tengo, son porque la
naturaleza humana es imperfecta. Todos los hombres tienen defectos. Lo que es
importante es aceptarlos y no
negarlos y después trabajar, y luchar por mejorarlos.
- La santidad consiste exactamente en aprovechar esas cualidades que Dios
me dio para hacer su voluntad, para
hacer el bien y para en trabajar en mis defectos que son obstáculo para lograr
esto, dejando a Dios libertad para hacer su obra de salvación.
- Mirar a Cristo:
Finalmente, pero en realidad, principalmente, como en toda
nuestra vida cristiana, lo más importante es contemplar al Señor Jesús, ya que amando sus virtudes tendremos la
luz y la fortaleza para imitarlo: “Fortalecerá el deseo de ser humildes la
amorosa contemplación de Cristo humilde antes de nacer, en su nacimiento, en su
vida oculta de Nazaret. Él es un pobre aldeano, un obrero manual, sin estudios
en Academias ni Universidades, sin dejar traslucir un solo rayo de su Divinidad.
La humildad de Jesús en su vida pública. Escoge sus discípulos entre los más
ignorantes y rudos; pescadores y un publicano. Busca y prefiere a los pobres, a
los pecadores, a los afligidos, a los niños... Vive pobremente, predica con
sencillez, enseña con ejemplos populares […]. «Cristo no hizo alarde de su
categoría de Dios. Tomó condición de esclavo pasando por uno de tantos» (Flp 2,
7) […]. ¿Un Cristo escupido y tú te exaltas?” (Jesús Martí
Ballester).
Conclusión:
Nuestra Madre nos conceda crecer en esta virtud que, junto
con la fe, está en el cimiento de la vida espiritual. Nada se construye
verdaderamente sin ambas virtudes.