Homilía Domingo XXV Tiempo Ordinario Ciclo C


Dios en lo escondido


Introducción:
Al contrario del pensamiento del mundo, Jesús nos enseña el gran valor que tiene la obra buena escondida, que solo es vista por Dios. “Porque tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”  (Mt 6,6). Escondida es la oración, escondido es lo pequeño y escondido puede ser el amor a los pobres.

  1. Amor a la oración:
De muchos modos y a lo largo de toda la Sagrada Escritura, Dios nos enseña la vital importancia de la oración. Hay textos bíblicos como para hacer un libro sobre el tema. En este caso podemos afirmar cuatro características de la oración. Ésta es: escondida, interior, universal y constante.
Jesús, en el Evangelio, nos dice que al querer orar, nos dirijamos a un lugar oculto, nuestra habitación, que cerremos la puerta y hablemos con nuestro Padre celestial (Cf. Mt 6,6).
Por habitación, también podemos entender el “corazón”, nuestro recinto interior. Desde allí brota nuestro diálogo con Dios que, en realidad, es una gracia divina. Dios mueve todo nuestro interior –inteligencia, voluntad y pasiones- para que nos comuniquemos con Él.
La oración de súplica e intercesión es universal, porque la caridad, fuente de la oración así lo es. Hemos de orar “por todos los hombres” (1Tim 2,1), vivos y difuntos, buenos y malos, para que la misericordia abarque a todos.
Finalmente, nuestra oración, al igual que la respiración, no debe cesar. Lo fundamental en la oración es la perseverancia. Aunque Dios se haga esperar, como cuando Marta llamó a Jesús por la enfermedad de su hermano (Cf. Jn 11). Aunque parezca que no nos oye. Aunque no tengamos ganas. Orar, estar con Jesús es un gesto de amor que nunca es infecundo.

  1. Amor a lo pequeño:
Jesús nos enseña una máxima importantísima: “El que es fiel en lo poco…”. Aquí está la clave para el crecimiento espiritual. El que tiene propósitos y los lleva adelante, de a poco, según sus fuerzas pero con perseverancia, el que tiene un plan de vida espiritual buscando hacer siempre la voluntad de Dios, el que sobrenaturaliza todo lo cotidiano tratando de hacer todo por Dios y evitar el pecado, el que vive todo en la alegría del Señor como Santo Domingo Savio… ese va por muy buen camino.

  1. Amor a los pobres:
Finalmente, el amor a los pobres, por lo que tiene de desinteresado, en el doble sentido de no esperar retribución y con la intención de no ser vistos in agradecidos por nadie, es algo oculto.
Este amor se dirige a toda clase de pobres: natural, material y sobrenaturalmente y se concretiza en las obras de misericordia, tanto las corporales como las espirituales.

Conclusión:
Pedimos la humildad para descubrir a Dios que se esconde en todo esto pequeño y allí nos espera para colmarnos con sus grandiosos dones.