Camino al Cielo
Introducción:
El Santo Cura de Ars, cuando se dirigía a ese poblado por
primera vez, al encontrar a un niño le preguntó dónde quedaba. El pequeño lo
llevó de buen gusto. Nuestro Santo, al llegar, le dijo que como le había
indicado el camino a Ars, él, a su vez, le indicaría el camino al Cielo. Allí,
Dios quiere que todos lleguemos.
- Ayes y bienaventuranzas:
A lo largo de la Sagrada Escritura, muchas veces, Dios marca
la diferencia entre los hombres de bien y los de mal obrar. En el salmo
meditamos: “El Señor ama a los justos… y entorpece el camino de los malvados”
(Sal 145).
Según
las obras, será la recompensa. No sólo aquí en la tierra, sino también en la
eternidad. Sabemos, por el Evangelio, la enseñanza de la Iglesia y varias
apariciones, como la de Fátima, que existe el infierno. Después de la muerte,
Cielo o infierno. Lo mismo que enseña la parábola de Lázaro y del hombre rico
(Cf. Lc 16, 19-31), ya lo había manifestado, Nuestro Señor, al comienzo de su
predicación:
“Entonces Jesús, fijando la mirada en sus
discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les
pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán
saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los
odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames y
los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense
y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en
el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero
¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que
ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora
ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos
los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos traban a los falsos
profetas!” (Lc 6,20-26).
Entendiendo bien el significado profundo de cada una de
estas frases, es muy importante que tomemos con seriedad nuestra
responsabilidad ante Dios de llevar una
vida conforme a su plan de salvación.
- Consuelo y tormento:
En el Evangelio, con la parábola del pobre Lázaro, Jesús nos
enseña que hay una “morada de los muertos en medio de los tormentos”, un lugar
de “consuelo” y un “gran abismo” entre ambos.
San Mateo, en el capítula 25 de su Evangelio nos trae una
enseñanza similar: “Cuando el Hijo del
hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono
glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a
unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a
aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que
tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia
el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo… Luego dirá a
los de su izquierda: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que
fue preparado para el demonio y sus ángeles” (Mt 25,31-34.41)
- Camino de la vida:
De este modo, el Evangelio de este domingo nos marca el
camino de la conversión para ir al Cielo y evitar el infierno: escuchar a Dios y ser coherentes.
Ante todo, escuchar a Dios: “tienen a Moisés y a los
profetas, que los escuchen” (Lc 16,29). Escuchar, conocer el mensaje,
recordarlo continuamente… Necesitamos
pensar como Jesús, para poder imitarlo. Para eso, son necesarios generosos
momentos de mediar la Divina Palabra…
San Pablo da un paso más, necesario e importante: la
coherencia de vida: “Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la
constancia, la bondad. Pelea el buen combate de la fe, conquista la vida
eterna” (1Tim 6,11).
El Apóstol habla de las virtudes. Enumera algunas, nos hace
pensar en todas. Después de conocer y aceptar el mensaje de Dios, el gran
desafío es luchar por convertirnos al él, esforzarnos por vivir como pensamos,
para no terminar pensando como vive el mundo.
Conclusión:
Le pedimos a nuestra Madre del Cielo nos ayude a vivir de
tal modo que, no sólo nosotros, sino también a otros, podamos llegar a la
Patria verdadera.