Homilía Domingo III de Adviento Ciclo A


¿Eres Tú?

Introducción:
San Juan Bautista, fue un gran maestro espiritual y lo sigue siendo. No sólo nos enseña sobre Cristo, sino que nos dirige hacia Él. Con este objetivo, estando en la cárcel, manda a dos de sus discípulos con una pregunta al Señor.

  1. ¿Eres tú el que ha de venir?
La pregunta sobre Jesús… ¿Eres Tú? ¿Quién es? ¿Cómo eres? Esta pregunta debe volver continuamente a nuestro corazón. No como signo de duda, de incertidumbre, de vacilación, sino con el deseo de profundizar en la respuesta, de crecer en el seguimiento.
Antes de considerar la respuesta del Señor, es importante recordar lo que nos enseña el Catecismo de la Iglesia. En la vida de Cristo, acciones y palabras nos van revelando quién es Él. Todo lo que en su vida es visible, nos muestra el interior, su Corazón, su misterio profundo.
Ocupa un lugar único, tanto la encarnación como la redención. Sin embargo, todos los hechos del Señor tienen un infinito valor divino. Desde lo más extraordinario a lo más trivial o cotidiano, toda la vida de Hijo del hombre e Hijo de Dios es salvadora para nosotros.[1]

  1. La respuesta:
Dos son las grandes manifestaciones de Dios, con las cuales nosotros podemos apoyarnos para creer en Él: los milagros y la profecía
Por un lado, los hechos extraordinarios, superiores a la capacidad natural; por otro, enseñanzas sublimes, inalcanzables a la sola razón humana. Jesús, responde a la pregunta del Bautista mostrando su actuar en ambos sentidos.
Aunque no sano a todos, con los milagros que hizo nos enseña su poder y su voluntad de combatir el peor de los males: el pecado. “Si bien cura a algunas personas, Él no ha venido para abolir todos los males de esta tierra, sino ante todo para liberarnos de la esclavitud del pecado.”[2]
“«Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!».”[3]

  1. Conociendo a Cristo:
Finalmente, sus milagros y profecías nos revelan quién es Él… A modo de breves meditaciones, puede servirnos, relacionar los diversos tipos de milagros con las afirmaciones que el mismo Señor ha dicho en otros pasajes del Evangelio:
  •  “Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas”
  • Yo soy el camino; nadie va al Padre sino por mí. Soy la puerta de salvación.
  • Les daré un agua pura que los purificará.
  • En el principio era la Palabra… Tú tienes palabras de Vida Eterna.
  • Yo soy la Resurrección y la Vida.
  • Te alabo Padre, Señor del Cielo y de la Tierra porque has revelado estas cosas a los pequeños, a los pobres.
  • Jesús es un misterio. Con fe, accedemos a Él; sin ella, nos escandalizamos y alejamos.

Conclusión:
Que nuestra Madre de la Dulce Espera, nos encamina hacia Cristo, para conocerlo mejor, más profundamente. El que así lo llega a conocer, difícilmente se apartará de Él.


[1] Cf. CATIC Compendio 101.
[2] CATIC Compendio 108.
[3] Mt 11,4-6.