¿Eres Tú?
Introducción:
San Juan Bautista, fue un gran maestro espiritual y lo sigue
siendo. No sólo nos enseña sobre Cristo, sino que nos dirige hacia Él. Con este
objetivo, estando en la cárcel, manda a dos de sus discípulos con una pregunta
al Señor.
- ¿Eres tú el que ha de venir?
La pregunta sobre Jesús… ¿Eres Tú? ¿Quién es? ¿Cómo eres? Esta
pregunta debe volver continuamente a nuestro corazón. No como signo de duda, de
incertidumbre, de vacilación, sino con el deseo de profundizar en la respuesta,
de crecer en el seguimiento.
Antes de considerar la respuesta del Señor, es importante
recordar lo que nos enseña el Catecismo de la Iglesia. En la vida de Cristo,
acciones y palabras nos van revelando quién es Él. Todo lo que en su vida es
visible, nos muestra el interior, su Corazón, su misterio profundo.
Ocupa un lugar único, tanto la encarnación como la
redención. Sin embargo, todos los hechos del Señor tienen un infinito valor
divino. Desde lo más extraordinario a lo más trivial o cotidiano, toda la vida
de Hijo del hombre e Hijo de Dios es salvadora para nosotros.[1]
- La respuesta:
Dos son las grandes
manifestaciones de Dios, con las cuales nosotros podemos apoyarnos para creer
en Él: los milagros y la profecía…
Por un lado, los
hechos extraordinarios, superiores a la capacidad natural; por otro, enseñanzas
sublimes, inalcanzables a la sola razón humana. Jesús, responde a la pregunta
del Bautista mostrando su actuar en ambos sentidos.
Aunque no sano a todos, con los milagros que hizo nos enseña
su poder y su voluntad de combatir el peor de los males: el pecado. “Si bien
cura a algunas personas, Él no ha venido para abolir todos los males de esta
tierra, sino ante todo para liberarnos de la esclavitud del pecado.”[2]
“«Vayan a contar a
Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos
ven y los paralíticos caminan;
los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!».”[3]
- Conociendo a Cristo:
Finalmente, sus milagros y profecías nos revelan quién es Él…
A modo de breves meditaciones, puede servirnos, relacionar los diversos tipos
de milagros con las afirmaciones que el mismo Señor ha dicho en otros pasajes
del Evangelio:
- “Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas”
- Yo soy el camino; nadie va al Padre sino por mí. Soy la puerta de salvación.
- Les daré un agua pura que los purificará.
- En el principio era la Palabra… Tú tienes palabras de Vida Eterna.
- Yo soy la Resurrección y la Vida.
- Te alabo Padre, Señor del Cielo y de la Tierra porque has revelado estas cosas a los pequeños, a los pobres.
- Jesús es un misterio. Con fe, accedemos a Él; sin ella, nos escandalizamos y alejamos.
Conclusión:
Que nuestra Madre de la Dulce Espera, nos encamina hacia
Cristo, para conocerlo mejor, más profundamente. El que así lo llega a conocer,
difícilmente se apartará de Él.