Homilía de la Sagrada Familia Ciclo A


Sagrada Familia


Introducción:
El Papa Pablo VI (Cf. Alocución en Nazaret 5/01/64) decía que la casa de Nazaret es la escuela donde aprender a conocer a Jesús. Allí vivió durante alrededor de 30 años, dejándonos mucho para imitar. Una de las muchas lecciones de esta Sagrada Familia de Nazaret es la cercanía del amor. Ya que cuando a Jesús le preguntaron qué significa ser prójimo, respondiendo con la parábola del Buen Samaritano, enseñó que es el amor verdadero lo que nos aproxima a los demás, lo que nos hace cercanos a Él.

1.      Cercanía humana:
En  primer lugar, la Sagrada Familia es un ejemplo de cercanía humana, de compañerismo, de amistad… Ya que el amor nos impulsa a tener mil detalles, mil muestras de cercanía. En fin, cada virtud, cada acto bueno es un gesto concreto de acercamiento a los demás, ya que nos saca de nosotros mismos y nos impulsa a compartir lo bueno que hemos recibido con otros. Pensemos, por ejemplo, en lo que nos enseña San Pablo: “revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente” (Col 3,12-13). Remata el Apóstol diciéndonos: “Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección” (Col 3,14).
Estas muestras de virtudes “domésticas” son el camino de la bendición. “El que honra a su padre, dice el Eclesiástico,  expía sus pecados y el que respeta a su madre es como quien acumula un tesoro” (Eclo 3,3-4).
Por esto, nuestro Señor, viviendo en una casa familiar nos muestra la importancia que tienen estos gestos de amorosa cercanía, como dones que vienen de Dios el cual quiere que sus hijos se amen como Él los ama.

2.      Cercanía divina:
Pero, además, esta solemnidad nos muestra a Jesús, cercano a nosotros, familiar nuestro, que quiere que nosotros también vivamos esa cercanía de la caridad con Él. El Señor también está en medio de nosotros y nos espera.
Por esto, es bueno y necesario, reconocer que podemos hablar con el Señor Jesús, contarle nuestras alegrías y tristezas, desahogar el corazón ante su presencia, dedicarle tiempo a escucharlo mediante la lectura de la Sagrada Escritura. Es necesario que vivamos esta “familiaridad” con el Señor, familiaridad llena de cercanía y respeto, de confianza y adoración, de ternura y exigencia.

3.      Amor a Dios y al prójimo:
Para celebrar bien esta fiesta de la Sagrada Familia, hacemos memoria del doble mandamiento de la caridad: amar a Dios sobre todo y al prójimo, ya que la vida de la familia depende de la vida que haya en cada corazón. Esta vida camina con los dos pies de la caridad, vuela con las dos alas del amor.
Por lo cual, no podemos dejar pasar un doble compromiso, un doble propósito: ¿Qué lugar ocupa el Señor en mi vida? ¿Qué puedo cambiar en mi relación con Dios? ¿Qué gestos de cercanía podré hacer con mis hermanos? ¿Qué gestos de rechazo tendré que evitar?

Conclusión:
A la Virgen y a San José, les pedimos nos alcancen de Jesús la gracia de poder transformar con el amor de Dios lo cotidiano de nuestro hogar familiar.