Homilía Domingo III de Adviento Ciclo C


Una voz muy importante


Introducción:
Un signo de conversión es el propósito de cambiar de vida, de obrar conforme al bien. Para ello, resuena en nuestro interior una voz muy importante.

1.      Una pregunta importante:
Cuando San Juan Bautista predicaba la urgencia de la conversión (Cf. Lc 3,10), “la gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer entonces?”
¿Qué hacer? ¿Cómo obrar? Siempre serán preguntas importantes. Porque el hombre actúa, o debe actuar, conforme a lo que es. Las obras son las que nos perfeccionan si son buenas o nos degradan si son malas.
Nosotros también le preguntamos a Dios “¿qué debemos hacer?”. De hecho esa es una de las riquezas de la Palabra de Dios: “Toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien” (2Tim 3,16-17).

2.      Una voz interior:
Dios ha puesto en el corazón humano la posibilidad de escucharlo. Es la voz de nuestra conciencia: “La conciencia moral, presente en lo íntimo de la persona, es un juicio de la razón, que en el momento oportuno, impulsa al hombre a hacer el bien y a evitar el mal. Gracias a ella, la persona humana percibe la cualidad moral de un acto a realizar o ya realizado, permitiéndole asumir la responsabilidad del mismo. Cuando escucha la conciencia moral, el hombre prudente puede sentir la voz de Dios que le habla” (CATIC Compendio 372).
“La conciencia recta y veraz se forma con la educación, con la asimilación de la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia. Se ve asistida por los dones del Espíritu Santo y ayudada con los consejos de personas prudentes. Además, favorecen mucho la formación moral tanto la oración como el examen de conciencia” (CATIC Compendio 374).

3.      En concreto:
“Tres son las normas más generales que debe seguir siempre la conciencia:
1) Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien.
2) La llamada Regla de oro: «Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos» (Mt 7, 12).
3) La caridad supone siempre el respeto del prójimo y de su conciencia, aunque esto no significa aceptar como bueno lo que objetivamente es malo” (CATIC Compendio 375).
Es importante recordar que obrar contra la propia conciencia, muchas veces, acalla su voz. De este modo, el hombre se va haciendo sordo a sí mismo respecto a esta voz que es una alarma contra el mal.
A modo de ejemplo podemos traer a la memoria la heroica decisión de Santa Gianna Beretta Molla, quien arriesgó su vida por salvar la de su bebé en gestación. Decidió, según su recta conciencia, postergar el tratamiento oncológico que necesitaba, por preservar la vida de su hija, ya que nunca se puede hacer un mal para obtener un bien. Por esto la podemos considerar campeona de la caridad, ya que dio su vida por alguien más importante que un amigo (Cf. Jn 15,13).

Conclusión:
Le pedimos a la Virgen nos ayude a ser coherentes con la fe que profesamos, viviendo según la voluntad de Dios expresada por la conciencia bien formada.