Homilía de la Sagrada Familia Ciclo C

Sagrada Familia


Introducción:
Las realidades de Dios siempre tienen algo para decirle a nuestra realidad humana. Por eso, al contemplar a la Sagrada Familia de Nazaret, también reflexionamos sobre nuestra familia, pidiendo al Señor nos ayude a cristianizarla.

  1. Sagrada Familia: 
Dice el Evangelio que Cristo “regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres” (Lc 2,51-52).
Aunque sea brevemente, San Lucas nos describe un ambiente familiar, doméstico, cotidiano. Nos enseña lo importante que es para los hijos estar “con sus padres” viviendo “sujeto a ellos” en la obediencia, respeto y colaboración.
Nos remarca, a su vez, la importancia del silencio, la meditación y reflexión, mediante los cuales el hombre descubre el valor oculto de las pequeñas cosas.
Finalmente, el evangelista nos recuerda que la finalidad de la vida de familia es el crecimiento personal, no sólo en el ámbito físico sino también en lo interior, no sólo en los aspectos humanos sino también en los divinos.

  1. La familia cristiana:
De este modo, la Sagrada Familia se nos presenta como modelo para nuestras familias. Modelo difícil, ciertamente, pero no por eso imposible.
El Apóstol San Pablo nos remarca el centro de todo el comportamiento cristiano: “Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección” (Col 3,14). Este amor, en la vida familiar, se reviste de características especiales: “Mujeres, respeten a su marido, como corresponde a los discípulos del Señor. Maridos, amen a su mujer, y no le amarguen la vida. Hijos, obedezcan siempre a sus padres, porque esto es agradable al Señor. Padres, no exasperen a sus hijos, para que ellos no se desanimen” (Col 3,18-21). También el Libro del Eclesiástico insiste en el amor que se les debe a los padres, y de muchos modos nos manifiesta las bendiciones que dicho amor nos atrae (Cf. Eclo 3,3-7.14-17a).
Más aún, el matrimonio, como lo quiere Dios, es un signo del misterio profundo de la Iglesia: “Jesucristo no sólo restablece el orden original del Matrimonio querido por Dios, sino que otorga la gracia para vivirlo en su nueva dignidad de sacramento, que es el signo del amor esponsal hacia la Iglesia: «Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo ama a la Iglesia» (Ef 5, 25)” (CATIC Compendio 341).

  1. Iglesia doméstica:
En sintonía con esto último, podemos ver en una familia cristiana, como una pequeña iglesia, cuna de las virtudes que nos caracterizan como cristianos: “La familia cristiana es llamada Iglesia doméstica, porque manifiesta y realiza la naturaleza comunitaria y familiar de la Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos” (CATIC Compendio 350).

Conclusión:
Pidámosle a la Sagrada Familia de Nazaret nos ayude a crecer como faros de fe, tanto para nuestros hogares como para las demás familias que nos rodean.