Homilía Domingo II de Adviento Ciclo C


Conversión


Introducción:
Siempre, los tiempos importantes, las oportunidades para crecer en nuestra vida espiritual, para enmendar nuestra vida son una iniciativa del amor divino: “Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto” (Lc 3,2).

1.      Adviento, tiempo de conversión:
Dios llama a San Juan Bautista como signo e invitación para la conversión: “Una voz grita en desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos” (Lc 3,4-5).
Para nuestra conversión, es necesario dejar que Dios se acerque a nuestras vidas, sacar de nuestro corazón lo que estorba, poner lo que falta, enderezar las intenciones y nivelar las aspiraciones según Dios.
Esa voz, que nos invita a dejar lo malo y acercarnos a Dios, siempre es necesaria y buena, aunque a veces no sea muy simpático y cómodo escucharla.

2.      El Sacramento de la conversión:
La Iglesia, hoy y siempre, también nos invita a la conversión. Necesitamos que muchas veces nos recuerde lo importante que es vivir el espíritu de conversión. Es importante meditar en todo el proceso de transformación que se vive gracias al Sacramento de la Reconciliación o Confesión:
“Los actos propios del penitente son los siguientes: un diligente examen de conciencia; la contrición (o arrepentimiento), que es perfecta cuando está motivada por el amor a Dios, imperfecta cuando se funda en otros motivos, e incluye el propósito de no volver a pecar; la confesión, que consiste en la acusación de los pecados hecha delante del sacerdote; la satisfacción, es decir, el cumplimiento de ciertos actos de penitencia, que el propio confesor impone al penitente para reparar el daño causado por el pecado” (CATIC Compendio 303).

3.      Un corazón convertido:
El Libro de Baruc ve los efectos maravillosos que, el perdón de Dios trae sobre su pueblo elegido: “Levántate, Jerusalén, sube a lo alto y dirige tu mirada hacia el Oriente: mira a tus hijos reunidos desde el oriente al occidente por la palabra del Santo, llenos de gozo, porque Dios se acordó de ellos. Ellos salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve, traídos gloriosamente como en un trono real. Porque Dios dispuso que sean aplanadas las altas montañas y las colinas seculares, y que se rellenen los valles hasta nivelar la tierra, para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios. También los bosques y todas las plantas aromáticas darán sombra a Israel por orden de Dios,  porque Dios conducirá a Israel en la alegría, a la luz de su gloria, acompañándolo con su misericordia y su justicia” (Bar 5,5-9).
El Sacramento de la Reconciliación también trae para el creyente, numerosos efectos que embellecen su corazón: “Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano” (CATIC Compendio 310).
Debido a esto, el Padre Pío, quien fue un santo y gran confesor, no tenía ningún respeto humano en “obligar” paternalmente a algunos penitentes indecisos, como sucedió con el artista Francisco Messina quien luego se dejó guiar por el santo en su vida y en su arte (Cf. Cristo Hoy 25/09-01/10/07).

Conclusión:
Pidamos a la Virgen  inmaculada nos ayude a dejarnos moldear por Dios para que Él, nos dé un corazón realmente convertido.